Una startup no se muere solo cuando se queda sin dinero, sino también cuando sus fundadores se quedan sin energía o sin 'fuego'. ¿Qué impacto tiene esto en la empresa?

En estos días leí que una startup se muere no solo si se queda sin dinero, sino cuando sus founders se quedan sin energía, vamos a decir sin fuego.

El fuego, en la vida laboral, es la mezcla de sentido, energía y ambición que hace que uno no se apague por dentro. Es esa chispa que te recuerda por qué haces lo que haces y hacia dónde quieres ir. Es identidad, propósito y deseo de crecer. 

Hoy, llegando a 2026 podemos hablar de una generación de startups, hoy día empresas, varias de ellas además multinacionales, llegando a su primera década. Symplifica, mi empresa, es una de ellas. En casi diez años he visto a muchos emprendedores apagar su fuego: cerrar por decisión o por mercado, por sociedades que no prosperaron y también he sido testigo de una generación de founders que mantienen el fuego vivo, con una terquedad flexible, si se me permite el oximorón. 

Como todo buen fuego, para mantenerlo vivo requiere oxígeno, combustible, alimento. También exige defenderlo de los “apagafuegos”. 

Este año decidí que necesitaba crecer mi fuego personal, implementé cambios en mi vida: reemplacé todo momento de televisión por la lectura (récord personal de +50 libros leídos), empecé a trotar y entrenar, completé tres carreras, adopté un “café de valor” para tener conversaciones significativas al menos una vez al mes, cerré redes sociales por dos meses, reactivé mi club de lectura y empecé a asistir a una tertulia política. Mi aprendizaje: cuando el fuego está encendido, no solo rindes más: te vuelves más tú.

En la vida laboral ¿qué alimenta el fuego propio y el del equipo? podría decir que lo siguiente: 

  1. Avance real. Ver que las acciones mueven la aguja. Cuando se siente progreso: en impacto, en habilidades, en resultados, el fuego sube.
  2. Autonomía. Tomar decisiones, influir en lo que se construye, sentir que se tiene control y no solo se ejecutan ordenes.
  3. Retos que importan. Problemas complejos que obligan a pensar mejor, liderar mejor y sacar una versión más robusta de ti y del equipo.
  4. Reconocimiento justo. La confirmación de que el trabajo tiene valor y que otros lo ven.
  5. Coherencia entre quién eres y lo que haces. Cuando el trabajo refleja los propios valores, estilo y forma de ver el mundo.
  6. Aprendizaje continuo. La sensación de que cada año se es más capaz que el anterior.
  7. Personas que te elevan. Jefes, mentores y equipos exigen,  acompañan y ayudan a verte crecer.
  8. Trascendencia. Saber que lo que se construye deja huella.

Qué apaga el fuego: La repetición sin sentido. La falta de crecimiento. El mal liderazgo. La incoherencia. La sensación de estar solo cargando todo. La falta de propósito. La soledad. Las separaciones. Los malos tratos. Las culturas tóxicas. 

Como founders hay que volverse maestro en mantener el fuego, como una práctica diaria. Es elegir cada día no apagarse por dentro, incluso cuando el entorno parece extinguir todo. Es entender que liderar una startup no es solo construir producto, levantar inversión o contratar equipo. Es también y sobre todo, mantener encendido el fuego que da vida al proyecto. 

Por: Salua García Fakih*
Twitter: @Saluagf
*La autora es Cofundadora de la plataforma Symplifica, que trabaja por lograr la formalización de los empleados del hogar en Latam. En su instagram @saluagarciafakih promueve el emprendimiento y comparte sobre su experiencia como emprendedora. Cuenta con un Máster en Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Rosario, Máster en Liderazgo de EADA Barcelona y es Especialista en Marketing de EAFIT.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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