La estabilidad institucional, la apertura comercial y la diversificación exportadora explican el éxito peruano y ofrecen lecciones para Colombia, cuyo desempeño externo sigue rezagado.
Perú cerró 2024 con una cifra que sobresale en la región: US$85.000 millones en exportaciones, impulsadas por la minería, la agroindustria y la pesca y, en lo corrido de 2025 hasta septiembre, logra un crecimiento de doble dígito (+20% vs. 2024) con ventas externas de US$71,881 millones.
De hecho, en dos décadas, las exportaciones peruanas pasaron de US$7.000 millones a más de US$67.500 millones en 2023, un récord impulsado por la apertura comercial, la diversificación productiva y la ejecución del Plan Estratégico Nacional Exportador.
Mientras Colombia, con un PIB mayor, no alcanzó los US$50.000 millones en 2024, el país vecino consolidó un modelo exportador robusto, diversificado y sostenido en políticas económicas estables que han sobrevivido a más de ocho presidentes en la última década.
¿Cómo lo logró? Daniel Córdova Espinoza, director de Promoción de Inversiones Empresariales de Promperú, estuvo recientemente en Bogotá y Medellín, en una misión comercial de acercamiento y atracción de inversión extranjera.
En diálogo con Forbes, Córdova insiste en que la relación bilateral entre los sectores privados de ambos países es fluida, con interés creciente de inversionistas colombianos en oportunidades en minería, agroindustria y servicios en el Perú. Incluso se explora un memorando de entendimiento con el Consejo Empresarial Colombiano con sede en Lima para profundizar sinergias.
Pero más allá del vínculo empresarial, lo que más llama la atención es la capacidad de la economía peruana para mantenerse estable aun cuando la política se ha vuelto volátil. Para Córdova, esta “cuerda separada” entre economía y política se sostiene en tres pilares: la fortaleza institucional del sector privado, la credibilidad del aparato económico público y una política de apertura continua al mundo.
El primer pilar ha sido construido por gremios y asociaciones empresariales que han ganado peso en las últimas décadas. El segundo se refleja en entidades del Estado que han preservado su orientación técnica: el Banco Central de Reserva, con autonomía enfocada exclusivamente en controlar la inflación; el Ministerio de Economía y Finanzas, con cuadros técnicos estables; y la vigilancia de la solvencia fiscal que mantiene la deuda pública entre las más bajas de la región. A esto se suma un sistema financiero competitivo, alta movilidad de capitales y reguladores con trayectoria técnica.
El tercer pilar es la apertura comercial permanente, independientemente del partido de turno. Gobiernos de izquierda moderada o de derecha han coincidido en que Perú debe ser una economía abierta al comercio y la inversión. Esto se traduce en tratados de libre comercio con Asia, Estados Unidos, la Unión Europea y economías del Pacífico, con una profundización reciente hacia mercados como Indonesia, Corea del Sur, Japón y la modernización del acuerdo con China. “Todos han mantenido la pauta de abrir mercados y atraer inversión”, subraya Córdova.
Ese enfoque explica buena parte de la diversificación exportadora. Aunque la minería sigue siendo crucial —con cobre, oro, zinc, molibdeno y estaño—, el país ha impulsado con fuerza la agroindustria, aprovechando ventajas climáticas y una renovada ley de promoción agraria que fija un impuesto a la renta de 15% para el sector durante la próxima década. Esto ha permitido consolidar cadenas competitivas en arándanos, paltas, uvas y cacao. A esto se suma el dinamismo pesquero, con pota y harina de pescado como grandes estrellas.
Perú, además, completó un proceso profundo de desdolarización, con niveles que hoy rondan 20% a 30%, gracias a la estabilidad del sol y al control inflacionario. “Ese entorno reduce vulnerabilidades y facilita el financiamiento en moneda local para exportadores e inversionistas”, señala Córdova.
En un momento en que Colombia busca ampliar su oferta exportable, el caso peruano ofrece lecciones sobre estabilidad institucional, apertura comercial y políticas sectoriales consistentes. Un país más pequeño, pero con una estrategia clara, está marcando el paso en la región.
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