Hoy, ninguna empresa, en Colombia o en el mundo, está aislada de los cambios regulatorios internacionales. ¿Qué acciones tomar?

El mundo atraviesa una carrera regulatoria sin precedentes. Ya no hablamos de riesgos futuros, sino de dinámicas que ya están en marcha. Los impactos en salud pública asociados al consumo de ultra procesados son evidentes, así como las presiones ambientales, sociales y políticas, que cada vez más, se agudizan. Frente a este escenario, los países han acelerado la creación de leyes, impuestos y nuevas exigencias que buscan responder a estos retos, pero que al mismo tiempo transforman el funcionamiento de las cadenas de abastecimiento.

Hoy, ninguna empresa, en Colombia o en el mundo, está aislada de los cambios regulatorios internacionales. Las decisiones que se toman en Estados Unidos, la Unión Europea (UE) o Asia influyen de inmediato en la importación, exportación, producción y planeación en América Latina. Este entorno, cada vez más complejo y cambiante, exige que las compañías se anticipen, se adapten con agilidad y fortalezcan sus capacidades para proteger su competitividad.

Uno de los cambios más relevantes es el Reglamento de la Unión Europea sobre la Deforestación (EUDR), que exige que productos agrícolas como el café y el cacao estén libres de deforestación y cumplan requisitos estrictos de trazabilidad, legalidad y debida diligencia. Para los actores exportadores, esto implica transformar procesos desde el origen: verificar el estado del terreno de cada productor, mapear fincas, asegurar el cumplimiento legal y laboral, y consolidar información confiable que permita certificar ante la UE el origen sostenible de cada lote enviado.

En algunas organizaciones colombianas, por ejemplo, este desafío ha significado el desarrollo de un modelo robusto de trazabilidad en articulación con aliados estratégicos y áreas internas como sostenibilidad, legal y comercial. La coordinación entre equipos se ha vuelto esencial para garantizar que cada exportación cumpla con la normativa sin afectar la eficiencia operativa ni la competitividad de la marca.

Otro frente de presión son los cambios arancelarios. Casos recientes, como la decisión de Estados Unidos respecto a los aranceles al café colombiano, evidencian cómo un anuncio, a veces inesperado, puede modificar los costos de operación de un día para otro. En los últimos meses, el sector vivió un vaivén regulatorio: aranceles iniciales del 50%, ajustes intermedios, pausas, revisiones y, finalmente, la eliminación del impuesto. Si bien la conclusión resultó favorable para el país, el proceso demostró la vulnerabilidad frente a decisiones externas y la necesidad de fortalecer capacidades de respuesta y adaptación.

Hoy, las compañías no pueden controlar los decretos gubernamentales, pero sí la forma en cómo los gestionan. La clave está en la coordinación para anticipar inventarios, amortiguar impactos inesperados, ajustar las cadenas de valor y definir estrategias de precios que protejan los márgenes sin afectar la demanda. Es un ejercicio de equilibrio: compensar costos sin romper la conexión con el consumidor.

Los cambios regulatorios no son coyunturales; llegaron para quedarse. Cada año traerá nuevas decisiones, impuestos, estándares y leyes. En ese contexto, la fortaleza de las organizaciones dependerá de su capacidad para trabajar de forma articulada, rediseñar procesos, ajustar sus cadenas de valor y responder con flexibilidad a cada nueva exigencia.

Aquellos que comprendan esta dinámica, serán los que logren adaptarse, sostener su desempeño y navegar con éxito en un entorno que seguirá transformándose.

Por: Andrés Trujillo*
*El autor es director global de Cadena de Suministro de Juan Valdez.

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