Un estudio global de Intel, que encuestó a más de 5.000 tomadores de decisión, revela una adopción acelerada: el 87% de las empresas ya ha migrado o planea migrar a PCs con IA integrada.

El año 2026 marca la convergencia de dos tendencias cruciales en el ámbito empresarial. Por un lado, el cierre de ciclo de numerosas flotas de dispositivos acelera la necesidad de renovar equipos. Por otro, el PC con Inteligencia Artificial (AI PC) deja de ser una novedad para establecerse como un estándar del mercado. 

Cuando hablamos de AI PC, nos referimos a una plataforma que integra CPU (el “cerebro” general que coordina y resuelve tareas de uso cotidiano con baja latencia), GPU (procesamiento masivo en paralelo para gráficos y cargas intensivas de IA) y NPU (acelerador dedicado para tareas de IA sostenidas con alta eficiencia energética), de modo que cada componente ejecute la parte del trabajo para la que es más eficiente: tareas generales y de respuesta inmediata, cargas altamente paralelas y procesos de IA en segundo plano.

Un estudio global de Intel, que encuestó a más de 5.000 tomadores de decisión, revela una adopción acelerada: el 87% de las empresas ya ha migrado o planea migrar a PCs con IA integrada. Las expectativas de valor son consistentemente elevadas, destacando mejoras en productividad (90%), innovación (92%) y una comprensión más profunda del cliente (90%).

Esta tendencia es aún más pronunciada en las Américas, donde las empresas muestran una disposición a invertir un 26% adicional por dispositivo (aproximadamente US$182). Este dato refleja la percepción de una conexión directa entre las capacidades de IA y resultados de negocio tangibles. La clave no reside en “tener IA” de forma abstracta, sino en ponerla a operar donde mueve las métricas.

La seguridad emerge como una de las principales inquietudes en torno a esta migración. Más que un obstáculo insalvable, el estudio de Intel muestra que la seguridad es el punto de mayor atención para muchas organizaciones que todavía no han avanzado en esta transición. Al mismo tiempo, se convierte en ventaja cuando la IA se ejecuta directamente en el dispositivo: un AI PC minimiza la transferencia de datos a la nube, reduce la latencia y otorga mayor control sobre la información sensible. En ese marco, plataformas empresariales con gestión y seguridad reforzadas —como Intel vPro— añaden capacidades de administración remota, telemetría y protecciones a nivel de hardware que ayudan a estandarizar políticas y a reducir riesgo operativo en flotas a gran escala.

Es fundamental comprender que el AI PC no compite con la nube, la complementa. Las tareas rutinarias y recurrentes —asistentes contextuales, resúmenes de documentos, mejora de videollamadas, traducción o flujos creativos— se ejecutan en el endpoint; la nube se destina a la colaboración, el entrenamiento de modelos complejos y los picos de demanda. Esta distribución inteligente de cargas de trabajo minimiza tiempos de espera, previene congestión y optimiza el costo por tarea, a la vez que refuerza la privacidad cuando los datos permanecen en el equipo. Además, un número creciente de organizaciones prioriza aplicaciones de IA personalizadas: en las Américas, el 52% busca adaptar la capacidad de IA a las necesidades específicas de cada área, algo que se habilita mejor cuando el dispositivo local cuenta con aceleración y software listos para operar “ahí mismo”.

La renovación de flotas representa una inversión sustancial, por lo que la pregunta inevitable es el retorno. El estudio regional de Intel valida que el 45% de los empleados ya utiliza herramientas de IA y que el 48% de las tareas podría optimizarse en un entorno de AI PC. Eso se traduce en más minutos productivos por jornada, menos tiempo en tareas repetitivas, decisiones mejor informadas y soporte de TI más eficiente. Análisis independientes sobre flotas modernas muestran ROI de tres dígitos cuando se combinan capacidades de IA, gestionabilidad y seguridad basada en hardware: caen los tickets, se reduce el tiempo de administración y disminuyen las visitas in situ. Si añadimos la menor latencia propia del procesamiento local, el valor deja de ser un benchmark y se observa en tiempo de ciclo, optimización de recursos, satisfacción del usuario interno y velocidad de entrega. Por eso, en las Américas, la disposición a invertir más viene acompañada de una exigencia clara: demostrar el retorno con indicadores de negocio y no solo con promesas tecnológicas.

La clave para una adopción exitosa no reside únicamente en el hardware, sino en una estrategia de habilitación. El 95% de las organizaciones reconoce la necesidad de formación continua para capitalizar el valor del AI PC; sin embargo, apenas un 33% ofrece programas sostenidos. 

Conviene ordenar la implementación por rol antes que por herramienta: un redactor se beneficia de resúmenes automáticos, búsqueda semántica y mejora de estilo; un analista, de preparación de datos y automatización de reportes; un equipo comercial, de asistentes que documenten reuniones y actualicen el CRM sin fricción.

Con esa lógica, el plan —riguroso y pragmático— se estructura así:
Piloto de 90 días: equipos reales y tres indicadores por área (horas ahorradas, incidentes prevenidos, tasa de adopción efectiva).
Política de datos y seguridad desde el inicio: qué corre local, qué viaja a la nube y bajo qué protocolos de control.
Métricas trimestrales: para decidir dónde expandir y dónde ajustar.
Estandarización en plataformas abiertas: para evitar dependencias y asegurar portabilidad de cargas de trabajo.

En definitiva, la ola de renovación que llega en 2026 puede ser un gasto inevitable o una palanca de productividad. Si concebimos el AI PC —CPU, GPU y NPU con IA trabajando en concierto— como el lugar donde cada día se crea, se decide y se colabora, la actualización deja de ser un trámite y se vuelve un acelerador estratégico. Con seguridad y gestión en la base, formación por rol y métricas orientadas al negocio, la IA deja de ser promesa y se convierte en hábito productivo. Ese es, al final, el cambio que nos interesa impulsar.

Por: Marcelo Bertolami*
*El autor es gerente General de ventas de tecnología para Intel Latam.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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