¿Cómo se aplica la filosofía estoica a los negocios? El estoicismo no es una invitación a la resignación. Es una forma radical de asumir responsabilidad. Así puede implementarse a los negocios en el nuevo año.

A principios de este año empecé a leer “Diario para estoicos”, de Ryan Holiday, un libro con 366 reflexiones breves, una para cada día, sobre la sabiduría práctica de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. Lo abandoné en marzo y ahora en diciembre lo leí de corrido, así que recibí 290 reflexiones en 30 días.

Tal vez no sea casual, diciembre es un mes perfecto para mirar atrás y pensar hacia adelante.  Mientras leía se me vino esta pregunta: ¿cómo se aplica la filosofía estoica a los negocios?

El estoicismo no es una invitación a la resignación. Es una forma radical de asumir responsabilidad. De entender que no controlamos lo que pasa afuera, el estoicismo se revela en cómo respondemos, cómo actuamos, cómo continuamos ante los hechos de la vida.

Un artículo de Daily Stoic lo dice así: el estoicismo puede ser un sistema operativo personal para entornos de alta presión, enseñando resiliencia, creatividad y control emocional frente a la adversidad, precisamente las cualidades que necesitamos en startups e industrias aceleradas.

¿Qué tal si incorporamos algunas de sus enseñanzas a los negocios en el nuevo año? creo que tienen mucho para guiarnos en todo lo que se avecina:

Primero: Distingue lo que controlas de lo que no. Tu actitud siempre está en tus manos. Lo demás, no. Una de las piedras angulares del estoicismo es distinguir entre lo que está bajo nuestro control y lo que no. No elegimos el mercado, la economía, el gobierno, el salario mínimo, la opinión de los socios o la respuesta de un cliente. Lo que sí elegimos es cómo respondemos a eso. Esa elección interior es lo único que puede transformar crisis en aprendizaje y miedo en movimiento.

Más que aceptar pasivamente la realidad, el estoico busca entenderla sin juzgarla, para actuar con claridad y decisión. Este enfoque evita que reaccionemos desde el ego, la frustración o la ansiedad, tentaciones cotidianas en ambientes emprendedores.

Segundo: Prepárate para lo peor, sin pesimismo, sino como quien entrena para la batalla. La serenidad también se practica. ¿Qué pasa si no se levanta la ronda? ¿Cuál es el plan ante el peor escenario posible? Los empresarios estoicos entrenan ante la posibilidad de la adversidad para que, si ocurre, no los tome por sorpresa , una práctica conocida como “premeditatio malorum”. Es una forma de enfrentar lo peor antes de que ocurra y, como resultado, hacer que lo inesperado sea manejable, no paralizante. En negocios no podemos controlar todos los resultados, pero sí nuestra preparación, perspectiva y reacción.

Tercero: Haz lo correcto, aunque nadie mire. La coherencia no es una estrategia de marketing, es una forma de vivir para los estoicos, la ética, los valores y los principios no son negociables bajo ninguna circunstancia y así debería ser en el mundo emprendedor. La verdadera libertad está en siempre hacer lo que es correcto y como siempre me dijo mi mamá: no hagas cosas buenas que parezcan malas.

Cuarto: Ego, humildad y aprendizaje continuo. Trabaja en ti tanto como en tu empresa. Porque tu startup sólo llegará tan lejos como tu propia capacidad de crecer. Los estoicos nos recuerdan que la arrogancia es un obstáculo para el aprendizaje real. Epicteto advertía que quien cree saberlo todo deja de aprender  y en startups, donde todo cambia cada constantemente, esa rigidez puede ser letal.

Quinto: Resiliencia sin dramatismo. El estoicismo no promete tranquilidad eterna, pero sí lucidez bajo presión. Un emprendedor que practica la filosofía estoica no niega el estrés, la frustración o la presión de dar resultados. En lugar de ello, los observa y actúa. Convierte la energía emocional en información útil, no en reactividad.

Esto es particularmente útil cuando la narrativa del ecosistema te empuja a glorificar cada fracaso. El estoico te invita a preguntarte: ¿qué aprendizaje real hay aquí? ¿Qué puedo cambiar y qué debo aceptar?

Sexto: Ser global, ser compasivo. El estoicismo fue también una de las primeras filosofías que enseñó una forma de hermandad universal. Epicteto hablaba de ser ciudadanos de una “gran ciudad de dioses y hombres”, una comunidad más allá de fronteras locales. En negocios, esto se traduce en ver más allá de ingresos y crecimiento. Implica reconocer que nuestro trabajo impacta personas, familias, equipos y contextos sociales. Un enfoque estoico nos recuerda que la ambición y la empatía no son contradictorias: pueden y deben coexistir.

Séptimo: Recuerda que todo pasa, el éxito y el fracaso, el caos y la euforia, los momentos de gloria y los días grises. Ser emprendedor no es solo construir productos, es resistir la incertidumbre. Es tomar decisiones bajo presión, es mantener la calma cuando parece que todo arde. Recuerda que todos los problemas son menos graves de lo que parecen al principio.

Tal vez los estoicos no levantaban rondas, ni hacían pitch decks, pero sabían algo clave: que el poder más grande está en gobernarse a uno mismo, mi invitación es que empecemos por ahí a afrontar los retos del nuevo año.

Por: Salua García Fakih*
Twitter: @Saluagf
*La autora es Cofundadora de la plataforma Symplifica, que trabaja por lograr la formalización de los empleados del hogar en Latam. En su instagram @saluagarciafakih promueve el emprendimiento y comparte sobre su experiencia como emprendedora. Cuenta con un Máster en Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Rosario, Máster en Liderazgo de EADA Barcelona y es Especialista en Marketing de EAFIT.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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