La inteligencia artificial, por primera vez, amenaza no solo el trabajo manual o repetitivo, sino el pensamiento estratégico, la creatividad, la intuición y hasta el liderazgo. ¿El algoritmo puede ser superior que la intuición?
En 2016 el jugador de Go Lee Sedol, se enfrentó a AlphaGo, el sistema de inteligencia artificial desarrollado por DeepMind (una filial de Google). Sedol, considerado el mejor jugador de Go de todos los tiempos, fue derrotado 4 a 1 en una serie de cinco partidas. Este hito, fue el primer momento en que una máquina vencía de forma aplastante a un humano en un juego que hasta entonces se creía invulnerable a la lógica computacional. AlphaGo no solo jugaba, creaba y aprendía.
Tres años después, Lee Sedol anunció su retiro del juego profesional. “Aunque llegue al número uno”, dijo, “hay una entidad invencible. Ya no puedo disfrutar el juego. Así que me retiro”. No fue una renuncia por falta de talento, fue una renuncia existencial.
Mientras leía esa historia, hace unas semanas en el libro Maniac, de Benjamín Labatut, un recorrido por los límites de la razón, la ciencia y la tecnología a través de figuras obsesivas, brillantes, y muchas veces trágicas entre esas Lee Sedol, me preguntaba: ¿qué pasaría si mañana llego a Symplifica y descubro que un modelo de lenguaje, un LLM, puede liderar al equipo mejor que yo? Que toma decisiones, da instrucciones, anticipa errores y genera funciones en paralelo sin descanso ni desgaste emocional. ¿Qué sentido tendría mi rol? ¿Y cómo se enfrenta uno a esa nueva forma de insignificancia?
La inteligencia artificial, por primera vez, amenaza no solo el trabajo manual o repetitivo, sino el pensamiento estratégico, la creatividad, la intuición y hasta el liderazgo. No digo que lo reemplace todo (todavía), pero sí que instala una duda que antes no existía: ¿y si ya no soy indispensable? ¿y si mi intuición no es superior a un algoritmo?
Sedol no perdió por falta de habilidad, perdió por primera vez contra algo que no podía comprender. Lo que dolía no era la derrota, sino lo que representaba: la pérdida del control, del propósito, del lugar único que creía tener, de su identidad, de su arte.
En el mundo tech glorificamos la innovación, pero rara vez hablamos del duelo que conlleva. Del miedo a volverse obsoleto. De la ansiedad de no estar al día, de no ser suficiente, de no tener nada verdaderamente irremplazable que aportar.
¿Estamos preparados para lo que significa liderar en tiempos donde nuestras habilidades son replicables y, en algunos casos, superables? ¿Cómo reinventar el liderazgo cuando el ego ya no es garantía de valor?
La respuesta, tal vez, no esté en competir contra la máquina, sino en encontrar dónde aún somos irremplazables. En abrazar la colaboración, en repensar lo humano, en volver al propósito.
Pero para eso primero hay que hacer espacio a ese momento incómodo donde sentimos que ya no somos necesarios y aprovechar los cambios, como Lee Sedol, que luego de este episodio ha dedicado su vida a dar charlas sobre el rol de la Inteligencia Artificial para que no los tome por sorpresa como a él, dice.
A diferencia del juego de Sedol y 10 años después, la llegada de la IA no es una batalla de ganar o perder, es más una invitación a evolucionar, ojalá, sin miedo y dejar atrás una versión de nosotros mismos que ya fue.
Por: Salua García Fakih*
Twitter: @Saluagf
*La autora es Cofundadora de la plataforma Symplifica, que trabaja por lograr la formalización de los empleados del hogar en Latam. En su instagram @saluagarciafakih promueve el emprendimiento y comparte sobre su experiencia como emprendedora. Cuenta con un Máster en Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Rosario, Máster en Liderazgo de EADA Barcelona y es Especialista en Marketing de EAFIT.
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