El 2026 marca un punto de inflexión. Los CEOs están retomando con fuerza la agenda del crecimiento, no como un acto de optimismo ingenuo, sino como una decisión estratégica consciente. ¿Qué viene?
Durante los últimos años, muchas compañías han operado en modo defensivo: contención de costos, preservación de capital y gestión prudente del riesgo frente a un entorno global marcado por la volatilidad. Sin embargo, 2026 marca un punto de inflexión. Los CEOs están retomando con fuerza la agenda del crecimiento, no como un acto de optimismo ingenuo, sino como una decisión estratégica consciente.
Un reciente análisis de Boston Consulting Group muestra que las menciones al crecimiento en las llamadas con inversionistas aumentaron cerca de un 18% a finales de 2025, una señal clara de que el foco vuelve a estar en expandir ingresos y crear valor sostenible. El mensaje es inequívoco: esperar condiciones ideales ya no es una opción; liderar implica avanzar incluso en medio de la incertidumbre.
Ahora bien, crecer no es sinónimo de expandirse por inercia. El crecimiento que crea valor exige claridad estratégica. La primera responsabilidad de un CEO es fijar una meta audaz y explícita. Aspirar, por ejemplo, a un crecimiento de dos dígitos no es solo una cifra ambiciosa; es una declaración de prioridades que alinea decisiones de inversión, innovación y talento. Esa ambición debe sostenerse en una ecuación de crecimiento bien definida, que combine de manera disciplinada crecimiento orgánico, expansión a nuevos mercados y adquisiciones selectivas.
Este enfoque resulta especialmente relevante para Colombia, donde un 52% de las personas encuestadas recientemente en un estudio de BCG declara que aumentará su consumo durante los próximos 6 meses, y al mismo tiempo la mitad de los colombianos declara que usa la inteligencia artificial en su proceso de decisión. En esta ventana de oportunidad, los líderes deben definir un rumbo claro, movilizar a sus organizaciones y ejecutar con pragmatismo.
Una de las palancas más poderosas para lograrlo es la inteligencia artificial. Las compañías que han logrado escalar su adopción no solo crecen más rápido, con tasas de crecimiento de ingresos hasta 1,7 veces superiores a las de sus pares, sino que también innovan de forma más consistente. La IA reduce el costo del error, acelera el desarrollo de nuevos productos y permite una llegada al mercado mucho más precisa.
Pero el impacto de la IA va más allá de la tecnología. Integrarla de manera efectiva en funciones como ventas, marketing, experiencia de cliente o planificación de producto permite competir con mayor agilidad, mejorar la propuesta de valor y liberar recursos que antes se consumían en ineficiencias operativas. Para los CEOs, el desafío no es experimentar, sino escalar.
El crecimiento, además, no se materializa con entusiasmo aislado. Requiere una ejecución programática y rigurosa. Las organizaciones más exitosas tratan el crecimiento con la misma disciplina con la que gestionan costos o capital: con estructuras claras de gobernanza, métricas visibles en tiempo real y la capacidad de priorizar iniciativas cuando los recursos son escasos. Equipos multifuncionales, alineados por objetivos comunes y métricas compartidas, son clave para convertir la ambición estratégica en resultados tangibles.
Este enfoque ya muestra resultados en mercados como el colombiano, donde las empresas que adoptan métricas en tiempo real y metodologías ágiles están mejor preparadas para responder a cambios abruptos y capturar oportunidades sin perder cohesión interna.
También estamos observando un renovado interés por fusiones y adquisiciones, impulsado por la estabilización de tasas de interés y valoraciones. En este entorno, la ventaja no la tienen quienes reaccionan, sino quienes desarrollan una capacidad de M&A always-on: una visión activa y permanente del mercado que permite identificar oportunidades, construir relaciones y actuar con rapidez cuando el momento es el adecuado.
Finalmente, vale la pena subrayar un punto clave: la disciplina financiera no es el enemigo del crecimiento, sino uno de sus principales habilitadores. Las organizaciones que logran eficiencia operativa liberan recursos que pueden reinvertirse en innovación, digitalización y experiencia de cliente. La ambición sin estructura pierde tracción; la disciplina sin ambición no genera ventajas competitivas.
El reto para los CEOs en 2026 es, precisamente, combinar ambos elementos. Liderar con ambición, sí, pero también con método. Porque el crecimiento sostenible no ocurre por accidente: se diseña, se ejecuta y se lidera.
Por: Sandro Marzo*
*El autor es managing Director & Partner de BCG.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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