La dinámica de la temporada de premios, con la que arrancan todos los años, suele dejar de lado la confrontación más relevante que proponen estos galardones: la competencia entre las compañías que buscan capitalizar el prestigio que otorgan los premios. ¿Por qué?

El año cinematográfico suele iniciar con la llamada temporada de premios, un periodo en el que medios y espectadores miran al cine a través de nominaciones, alfombras rojas y especulaciones sobre quiénes serán los grandes ganadores de un Globo de Oro o un Oscar. Esta dinámica, tan fascinante como polémica, suele dejar en segundo plano la confrontación más relevante que proponen estos galardones: la competencia entre las compañías que buscan capitalizar el prestigio que otorgan los premios.

Ya parece lejano aquel 2017 en el que la Academia prohibía la nominación de películas que no hubieran sido estrenadas en salas de cine. Menos de cinco años después, la mayoría de las majors contaban ya con sus propias plataformas de streaming y el negocio audiovisual había cambiado de forma radical, un proceso que se aceleró tras la pandemia. En los últimos años, plataformas como Apple, Netflix y Prime Video han obtenido importantes galardones por películas como Roma (Netflix), CODA (Apple) y Sound of Metal (Prime Video). En contraste, estudios que durante décadas dominaron categorías específicas —como Disney en animación— han tenido que compartir su protagonismo con nuevos actores.

Aunque han perdido parte del brillo incuestionable de otras épocas, los premios Oscar siguen siendo los más visibles y deseados de la industria. A los jugadores históricos, las llamadas majors de Hollywood, se han sumado plataformas de streaming, estudios independientes y producciones internacionales impulsadas por distribuidoras estadounidenses. Todos ellos entienden que este no es un juego exclusivo de calidad artística: la popularidad, la visibilidad y la estrategia pesan tanto como el mérito. Por eso, tanto en estudios grandes como pequeños, las campañas For Your Consideration (FYC) se han convertido en inversiones clave para influir en votantes, generar free press y fijar títulos en la conversación pública.

La temporada 2026 ha concentrado un número significativo de nominaciones en seis títulos principales: Sinners (16), One Battle After Another (13), Frankenstein (9), Marty Supreme (9), Sentimental Value (9) y Hamnet (8). Detrás de estas películas no solo hay grandes talentos creativos, sino también compañías que compiten por acumular la mayor cantidad posible de estatuillas. El mapa de nominaciones está liderado por Warner Bros. (29), NEON (18) y Netflix (16), pero resulta más revelador observar cómo estas cifras se distribuyen entre tres grandes bloques industriales: las majors tradicionales, los estudios independientes —con todas las ambigüedades que el término implica— y las plataformas de streaming.

PuestoEmpresa / EstudioTipo de actor industrialNom Oscar 2026
1Warner Bros. (WB)Major tradicional (cine + streaming)29
2NEONEstudio independiente / distribuidor18
3NetflixPlataforma de streaming16
4Focus FeaturesFilial “prestige” de major13
5A24Estudio independiente11
6Apple Original FilmsPlataforma tecnológica6
7DisneyMajor tradicional4
8Sony PicturesMajor tradicional2
9Universal PicturesMajor tradicional1

Llama la atención la consolidación de estudios como NEON y A24 en los últimos años. NEON ha sido el distribuidor de algunas de las películas internacionales más visibles de la temporada, como Sentimental Value, Fue solo un accidente y El agente secreto, además de apostar por títulos como Arco. A24, por su parte, ha construido su prestigio a partir de una identidad clara, basada en producciones irreverentes y apuestas narrativas arriesgadas como Marty Supreme, La máquina o Si pudiera te patearía. En una posición intermedia se encuentra Focus Features, que suele presentarse como estudio independiente, aunque forma parte del conglomerado Comcast–Universal.

En el terreno de las majors, el caso más significativo es Warner Bros, que concentra la mayor cantidad de nominaciones de la temporada. Su posible articulación con Netflix consolidaría un emporio del streaming, con alta capacidad de acaparar los más importantes premios. Al mismo tiempo, resulta evidente el descenso del peso de las franquicias y de los proyectos más taquilleros en la lista de nominados. En contraste, aumenta la presencia de producciones internacionales, una señal clara de la estrategia de la Academia por ampliar su alcance global y reforzar su legitimidad cultural.

Los Oscar siempre han tenido agendas implícitas, y la de este año parece clara: desplazar el foco de la taquilla hacia el prestigio como valor estratégico. En un ecosistema audiovisual saturado de contenidos, los premios ya no funcionan solo como un reconocimiento artístico, sino como una herramienta de posicionamiento industrial y simbólico. En 2026, los Oscar no deciden quién hizo la mejor película, sino quién logró convertir el prestigio en una ventaja competitiva.

Por: Jerónimo Rivera-Betancur*
*El autor es director del FIAFest Universidad de La Sabana.

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