Al parecer ya no es suficiente con ser buen profesional, CEO, emprendedor, ahora además parece que debes generar contenido. ¿El estándar profesional cambió sin que nadie lo anunciara oficialmente?

Hace unos días veo en mi feed de Linkedin dos tipos de comentarios sobre esta red social: los que la aman y promueven su uso constante, y los que están agotados del giro que ha tomado. 

Al parecer ya no es suficiente con ser buen profesional, CEO, emprendedor, ahora además parece que debes generar contenido. Si esto se aborda como una “presión” puede llevar a la frustración, a la ansiedad, a la sensación de insuficiencia, pues no todo el mundo tiene la intención de establecer una marca personal, ni los recursos o el tiempo para gestionar una estrategia consciente. ¿El estándar profesional cambió sin que nadie lo anunciara oficialmente?

Para nadie es un secreto que estamos en la era del contenido y sería ingenuo negarlo. Como estrategia de adquisición puede ser extraordinariamente efectiva. Es directa, económica y, cuando está bien hecha, profundamente poderosa. Una cuenta activa puede traer clientes, inversionistas, talento, alianzas y puede acelerar la reputación en meses lo que antes tomaba años.

Pero también puede ser agotadora, en el mundo empresarial y de startups no estamos lejos de esa conversación. Estamos en pleno boom de LinkedIn, el feed se llenó de historias de renuncias épicas, aprendizajes virales, vulnerabilidades cuidadosamente estructuradas y conclusiones inspiradoras. “Gracias a LinkedIn cambié mi vida”. “Tu marca personal lo es todo”. “Si no estás construyendo audiencia, te estás quedando atrás”.

Hay algo de verdad en eso, la reputación digital pesa, las personas confían más en personas que en logos. Un líder visible puede abrir conversaciones que una página corporativa jamás logrará.

Pero también hay algo que empieza a sentirse distinto, un cansancio silencioso. Construir reputación no es lo mismo que producir contenido permanente y muchos profesionales, médicos, abogados, emprendedoras, ejecutivos, están sintiendo que el estándar implícito ahora incluye convertirse en creadores.

¿En qué momento la competencia técnica dejó de ser suficiente?, ¿En qué momento empezamos a medir valor profesional en likes? La presión no siempre es explícita, nadie te obliga a publicar pero el entorno sí te sugiere que si no lo haces, pierdes relevancia. Que si no opinas, desapareces. Que si no cuentas tu historia, alguien más ocupará ese espacio.

LinkedIn dejó de ser un CV digital hace rato, ahora parece un escenario y como todo escenario, premia ciertos tonos, ciertas narrativas, ciertos formatos. No es Facebook, pero empieza a compartir una dinámica parecida: búsqueda de validación, métricas que activan dopamina, opinión constante.

Hace unos días le pregunté a Pedro Mejía, uno de los promotores del uso de Linkedin ¿Qué gana un profesional y qué podría estar perdiendo al exponerse de forma constante en esta red social? Lo primero que resalta es que genera confianza, y la confianza es el interés compuesto de la reputación, y en LK multiplicas estos dos elementos para que al final te recomienden o elijan la misión que representas. “Ya no sales a buscar, sino a que te encuentren”. Pedro me comenta que no le ve un ángulo claro a que se puede perder pues según él, el retorno es muy alto versus el esfuerzo invertido. 

¿Por qué muchos visitantes de Linkedin se sienten abrumados? me atrevo a decir que cuando la marca personal se convierte en obligación, pierde autenticidad. Cuando el algoritmo y chatgpt empiezan a moldear el discurso, el contenido se vuelve fórmula y cuando todos siguen la misma fórmula, la diferenciación se diluye. 

Natalia Gonzalez, Gerente General de Women in Connection llamaba la atención en esta dirección hace unos días “en qué momento construir marca personal se convirtió en publicar todos los días mensajes genéricos sin profundidad y hechos todos con IA sin profundidad y autenticidad. Señala que Linkedin se llenó de contenidos repetidos, similares entre si que le han quitado frescura a la red social” 

También hay una pregunta estratégica que pocas empresas están discutiendo con honestidad ¿qué tan conveniente es para la organización que la marca personal del individuo crezca más rápido que la marca institucional? En startups puede ser un acelerador brutal. En empresas más maduras puede generar dependencia, tensiones internas o incluso vulnerabilidad reputacional.

El problema no es la herramienta, es la ansiedad que la rodea. La marca personal sólida no nace del miedo a desaparecer, nace de claridad, de saber qué conversación quieres liderar, qué postura estás dispuesto a sostener, qué experiencia real respalda lo que dices. Cuando las personas son auténticas se nota, y las marcas personales que respiran esta naturalidad no se ven más por la frecuencia de sus posts. 

¿Estamos ante una proliferación de marcas personales superficiales? Tal vez el siguiente paso en esta conversación no sea publicar más, sea publicar mejor o incluso, a veces, publicar menos. Porque en un mundo donde todos hablan, empieza a destacar quien lo hace solo de manera honesta y auténtica.

Por: Salua García Fakih*
Twitter: @Saluagf
*La autora es Cofundadora de la plataforma Symplifica, que trabaja por lograr la formalización de los empleados del hogar en Latam. En su instagram @saluagarciafakih promueve el emprendimiento y comparte sobre su experiencia como emprendedora. Cuenta con un Máster en Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Rosario, Máster en Liderazgo de EADA Barcelona y es Especialista en Marketing de EAFIT.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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