Mayores precios del crudo y posibles disrupciones en el suministro de fertilizantes, podría generar presiones inflacionarias globales, especialmente a través de mayores costos en alimentos y transporte. ¿Qué esperar?
Los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán este mes han tenido un impacto significativo en el precio del crudo, que llegó a acercarse a los 100 dólares por barril antes de corregir a la baja con igual rapidez tras declaraciones de Donald Trump señalando que el conflicto podría estar cerca de terminar.
Si bien Irán es un productor relevante dentro de la Organization of the Petroleum Exporting Countries (OPEP), con una producción cercana a 3 millones de barriles diarios, es su ubicación geográfica el factor que más ha influido en el aumento del precio del crudo. El país tiene una posición estratégica sobre el Estrecho de Ormuz, por donde transitan buques que transportan cerca del 20% del petróleo que se comercializa a nivel mundial, gran parte proveniente de otros productores del Golfo. A esto se suma la capacidad que tiene Irán para amenazar infraestructuras energéticas en la región, incluyendo refinerías y centros de producción en países vecinos, lo que amplifica la percepción de riesgo en el mercado energético.
Sin embargo, el impacto potencial no se limita al mercado de hidrocarburos. El Estrecho de Ormuz también es un punto crítico para el comercio global de insumos agrícolas, ya que por esta ruta transita entre 30% y 35% del comercio marítimo mundial de urea, fertilizante que se destina principalmente a India, Brasil, el Sudeste Asiático y África. Esta combinación —mayores precios del crudo y posibles disrupciones en el suministro de fertilizantes— podría generar presiones inflacionarias globales, especialmente a través de mayores costos en alimentos y transporte.

La lógica estratégica del conflicto
¿Por qué arriesgar entonces este posible efecto inflacionario?
El objetivo de Estados Unidos e Israel parece ser el mismo desde el ataque de Hamas en 2023: reducir la esfera de influencia iraní en la región, ya sea a través de su presencia directa en otros países o mediante organizaciones aliadas como Hezbolá y las milicias Hutíes. En este contexto, el escenario ideal para ambos países sería un cambio de régimen en Irán, aunque este resultado parece poco probable. El rápido nombramiento de Motjabá Jameneí, hijo del fallecido líder supremo Ali Khamenei, envía una señal de continuidad dentro del sistema político iraní.
Desde el punto de vista táctico, una victoria para Estados Unidos podría consistir en un conflicto breve que limite la capacidad de reacción e influencia regional de Irán. Sin embargo, la respuesta iraní ha incluido ataques contra países vecinos que albergan bases militares estadounidenses, además de aprovechar al máximo su ventaja geográfica en el Golfo Pérsico.
Esto coloca a los aliados —tradicionales y recientes— de Estados Unidos en la región en una posición política y diplomática cada vez más compleja, lo que podría aumentar la presión sobre Washington para poner fin rápidamente al conflicto, incluso sin una resolución clara.
Por ahora queda por ver cuál será la narrativa que utilice la Casa Blanca para justificar la continuación o el cierre del conflicto, aunque es evidente que una prolongación del mismo tendría repercusiones económicas y financieras cada vez más amplias.
Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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