Las implicaciones son cruciales. Un mayor riesgo percibido implica que el país debe ofrecer tasas de interés más altas para endeudarse, lo que incrementa la carga fiscal. ¿Qué esperar?
La calificadora S&P Global Ratings rebajó por segunda vez en menos de un año la calificación crediticia de Colombia. La nota soberana a largo plazo en moneda extranjera pasó de BB a BB−, profundizando su posición dentro del grado especulativo.
Las calificaciones crediticias reflejan la percepción sobre la probabilidad de incumplimiento de un emisor —en este caso, el Gobierno colombiano—, por lo que su deterioro suele traducirse en mayores costos de financiamiento y menor acceso a capital.
Las razones detrás de esta decisión no resultan sorpresivas al revisar la dinámica fiscal reciente. En primer lugar, existe una expectativa de deterioro adicional: S&P proyecta que el déficit del gobierno general alcanzará el 5,6% del PIB en 2026, frente al 5,3% en 2025, y que se mantendrá alrededor de 4,8% en promedio entre 2027 y 2029.
A esto se suman factores estructurales, como la suspensión de la regla fiscal y los episodios de fricción con el Banco de la República, que debilitan la credibilidad institucional. Estos elementos no transmiten confianza sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas ni sobre la previsibilidad de la política económica en el mediano plazo.
El deterioro también se refleja en la trayectoria de la deuda, que ronda actualmente el 60% del PIB y podría acercarse al 69% hacia 2029, aumentando la vulnerabilidad ante choques externos o condiciones financieras más restrictivas.
Las implicaciones son cruciales. Un mayor riesgo percibido implica que el país debe ofrecer tasas de interés más altas para endeudarse, lo que incrementa la carga fiscal. Además, se restringe la base de inversionistas: muchos fondos internacionales tienen límites para invertir en deuda por debajo de grado de inversión. En niveles más profundos dentro del high yield, el universo se reduce aún más, concentrándose en fondos especializados, hedge funds y otros inversionistas con mayor tolerancia al riesgo, que exigen primas significativamente más altas.
El factor comparativo también es relevante. Esta rebaja amplía la brecha frente a pares regionales como México (BBB) y Brasil (BB), competidores directos en la captación de flujos hacia mercados de deuda emergente.
En conclusión, S&P no tomó esta decisión por un evento aislado, sino por la combinación de un deterioro fiscal acumulado, señales que erosionan la credibilidad institucional y un panorama de gasto rígido sin reformas estructurales claras en el horizonte. Aunque la perspectiva es estable —lo que sugiere que no anticipan una nueva rebaja inmediata—, los riesgos persisten: déficits mayores a lo esperado o un debilitamiento adicional de la independencia del banco central podrían abrir la puerta a nuevas revisiones a la baja. Este es, sin duda, un escenario exigente que heredará el próximo gobierno, independientemente de su orientación política.
Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
Lea también: No perder de vista Latinoamérica
