Colombia debe reconocer formalmente al software como un sector estratégico para el desarrollo nacional e impulsar una política nacional de economía digital que articule talento, innovación, inteligencia artificial, ciberseguridad y transformación digital bajo una visión de largo plazo.
Cada 20 de julio se instala un nuevo Congreso de la República. Este año, además, coincide con una transición de gobierno que marcará el rumbo del país durante los próximos cuatro años. Como es habitual, el debate público girará alrededor de las reformas que vendrán: tributaria, laboral, de salud, de justicia o de educación. Sin embargo, hay una conversación que atraviesa todas esas reformas y que, paradójicamente, sigue ocupando un lugar secundario en la agenda pública: la
política digital.
No se trata de impulsar un sector económico más. Se trata de entender que la tecnología es hoy el principal catalizador para resolver los desafíos estructurales de Colombia. Los grandes retos del país no tienen una solución exclusivamente tecnológica, pero hoy ninguno puede resolverse sin tecnología.
Por eso, la discusión no debería centrarse en cuánta tecnología necesita Colombia. La verdadera pregunta es qué problemas queremos resolver como país. Estamos hablando de prestar mejores servicios de salud mediante diagnósticos más oportunos; de fortalecer la seguridad con herramientas que permitan anticipar y combatir el crimen; de aumentar la productividad del campo; de prevenir emergencias mediante el análisis de datos; de ampliar la inclusión financiera; de simplificar miles de trámites para los ciudadanos y de construir un Estado más transparente y eficiente. Allí donde Colombia enfrenta un gran desafío, la tecnología puede convertirse en parte esencial de la solución. Cuando se entiende únicamente como un asunto del sector TIC, se desaprovecha su verdadero potencial. Cuando se convierte en una política de Estado, se transforma en un motor de desarrollo.
Si queremos que esa visión se traduzca en resultados, Colombia debe dejar de ver al software como una industria más. Debe reconocerlo como un sector estratégico para el desarrollo nacional, porque es el que hace posible la transformación de los demás sectores de la economía.
La industria digital colombiana ya aporta el 3,6 % del PIB, genera más de 406.000 empleos y supera los USD 2.400 millones en exportaciones. Pero su mayor valor no está en esas cifras, sino en su capacidad para hacer más competitivas a las empresas, más eficientes las instituciones públicas y mejorar la vida de los ciudadanos.
Por eso Colombia debe reconocer formalmente al software como un sector estratégico para el desarrollo nacional e impulsar una política nacional de economía digital que articule talento, innovación, inteligencia artificial, ciberseguridad y transformación digital bajo una visión de largo plazo.
Desde Fedesoft hemos construido una agenda de 14 propuestas para el próximo Gobierno y el Congreso. Una hoja de ruta que busca fortalecer el talento digital, acelerar la adopción tecnológica, impulsar la innovación, consolidar capacidades en inteligencia artificial y ciberseguridad, y crear mejores condiciones para el crecimiento de la economía digital.
Por eso creemos que los primeros 100 días de la política digital empiezan el 20 de julio. La instalación del nuevo Congreso y la posesión del próximo Gobierno representan una oportunidad para construir una agenda compartida que convierta la economía digital en una política de Estado y trascienda los periodos presidenciales.
La competitividad de Colombia dependerá cada vez más de su capacidad para desarrollar tecnología, formar talento, innovar y convertir el conocimiento en crecimiento económico y bienestar. Esta puede ser la conversación que marque la próxima década del país. No se trata simplemente de digitalizar procesos. Se trata de entender que Colombia no compite en el siglo XXI por tener más tecnología, sino por saber usarla para resolver mejor sus problemas. Esa es la discusión que debería comenzar este 20 de julio.
Por: Ximena Duque, presidente ejecutiva de Fedesoft
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
