La inteligencia artificial ya está haciendo más productivas a las personas. Nos ayuda a escribir más rápido, analizar información en menos tiempo, automatizar tareas y tomar mejores decisiones. Pero esa productividad individual todavía no se está traduciendo, con la misma fuerza, en productividad empresarial.

La adopción dejó de ser la principal barrera. La IA ya entró, y rápidamente, en las organizaciones. Ahora viene la parte difícil: convertir su uso en resultados reales para el negocio.

Y la brecha sigue siendo enorme.

Nuestro estudio The State of AI in 2026: On the Road to ROI encontró que ocho de cada diez personas que utilizan IA en su trabajo sienten que ha mejorado su productividad individual. Sin embargo, solo el 37 % afirma que la tecnología ha contribuido positivamente al EBIT de su organización.

Más revelador aún: apenas el 6 % pertenece a organizaciones de alto desempeño en IA, es decir, compañías que atribuyen al menos un 5 % de su EBIT al uso de esta tecnología y reportan un valor significativo derivado de ella.

¿Cómo se explica que millones de personas estén trabajando más rápido con IA, pero que tan pocas empresas puedan mostrar todavía un impacto significativo en sus resultados?

Esta debería ser hoy una de las conversaciones centrales de cualquier equipo directivo.

Durante los últimos años nos preguntamos cómo adoptar la IA, dónde aplicarla y qué herramientas incorporar. Ahora debemos hacernos una pregunta mucho más exigente: ¿cómo convertimos esa productividad individual en productividad para toda la empresa?

Para Colombia, la oportunidad es gigantesca.

El estudio Agents, Robots, and Us: How AI Reshapes Work and Skills in Latin America, del McKinsey Global Institute, estima que cerca del 55 % de las horas trabajadas actualmente en el país podría, desde el punto de vista técnico, automatizarse con tecnologías que ya existen.

Esto no quiere decir que vaya a desaparecer el 55 % de los empleos. Quiere decir algo distinto: que tenemos la posibilidad de reorganizar profundamente la manera en que trabajamos.

Bajo el escenario medio de adopción analizado, esa transformación podría generar alrededor de US$27.000 millones anuales de valor económico para Colombia hacia 2030.

Pero ese valor no se captura simplemente instalando tecnología.

Agregar una herramienta de IA a un proceso existente puede ayudarle a alguien a escribir más rápido, analizar información en menos tiempo o automatizar una tarea. Eso mejora la productividad de una persona. El salto empresarial ocurre cuando dejamos de preguntarnos cómo acelerar el proceso actual y empezamos a cuestionar si ese proceso debería seguir existiendo de la misma manera.

Ahí está una de las diferencias más claras entre experimentar con IA y transformarse con ella.

Cerca de tres cuartas partes de las organizaciones de alto desempeño en IA afirman haber rediseñado fundamentalmente sus flujos de trabajo alrededor de esta tecnología. Entre las demás organizaciones, apenas una cuarta parte lo ha hecho. Además, las primeras tienen 3,3 veces más probabilidades de aspirar a transformar fundamentalmente su negocio con IA durante los próximos tres años.

La conclusión es sencilla, aunque ejecutarla no lo sea: no podemos limitarnos a automatizar por defecto. Tenemos que repensar el trabajo de principio a fin.

Eso significa decidir qué tareas puede asumir la tecnología, cuáles siguen necesitando juicio humano, cómo deben cambiar los roles y las capacidades de los equipos y, sobre todo, cómo vamos a medir el valor generado.

También significa superar la idea de que esta transformación consiste únicamente en reemplazar personas. En Colombia, cerca del 80 % de las habilidades humanas estudiadas seguirá siendo relevante incluso en un escenario de mayor automatización. Al mismo tiempo, en 2025 había 3,7 veces más personas en ocupaciones que requieren fluidez en IA que en 2023.

No estamos avanzando simplemente hacia empresas con más tecnología. Estamos avanzando hacia organizaciones en las que personas, agentes de IA y otras tecnologías trabajarán conjuntamente.

La productividad dependerá entonces no solo de contar con mejores herramientas, sino de desarrollar la capacidad para integrarlas, gobernarlas y convertirlas en nuevas maneras de operar.

La IA ya hizo más productivas a muchas personas. Para que haga lo mismo con las empresas, no basta con poner mejores herramientas en manos de cada empleado. Hay que rediseñar la organización alrededor de lo que esas personas y la tecnología pueden lograr juntas.

Las compañías que capturen el verdadero potencial de la IA probablemente no serán las que acumulen más herramientas ni las que automaticen más tareas. Serán las que tengan la ambición y la disciplina necesarias para transformar cómo trabajan y cómo crean valor.

Adoptar inteligencia artificial puede ser relativamente rápido. Transformar una empresa alrededor de ella es donde comienza el verdadero trabajo.

Por: Juan David Muñoz, socio de McKinsey & Company.

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