Por años, la conversación sobre la banca se ha centrado en una pregunta fundamental: ¿qué tan rentable es el negocio?
Es una pregunta válida. Después de todo, la rentabilidad sigue siendo uno de los principales indicadores de la salud financiera de una entidad. Sin embargo, en un entorno económico marcado por la digitalización, la irrupción de nuevos competidores y la aceleración tecnológica, quizás la pregunta más importante ya no sea cuánto ganan los bancos hoy, sino cuánto podrán crecer mañana.
La diferencia es más profunda de lo que parece. La rentabilidad demuestra que una organización administra eficientemente sus recursos actuales, pero el crecimiento prueba que está preparada para el futuro.Es precisamente en este punto donde la banca global enfrenta uno de sus mayores desafíos estratégicos.
En el más reciente informe de BCG, muestramos que las instituciones financieras atraviesan uno de sus mejores momentos en años. Los retornos para los accionistas alcanzaron niveles récord en 2025 y, por primera vez en mucho tiempo, más del 80% del capital accionario de los bancos globales cotiza por encima de su valor en libros.
Sin embargo, detrás de estos resultados positivos existe una inquietud persistente. Los inversionistas siguen mostrando reservas sobre la capacidad del sector para mantener un crecimiento sostenido en el largo plazo. La razón es sencilla: los motores tradicionales de expansión están cambiando.
Durante décadas, el crecimiento bancario estuvo impulsado por un conjunto de variables relativamente predecibles: más clientes, más créditos, más sucursales y una mayor profundización financiera. Hoy, muchas de esas palancas han alcanzado niveles de madurez. La competencia se intensifica, las márgenes enfrentan presión constante y los consumidores son cada vez más propensos a interactuar con múltiples proveedores financieros.
En Colombia, esta realidad comienza a hacerse evidente. La expansión de las fintech, la evolución hacia esquemas de finanzas abiertas y la creciente digitalización de los usuarios están transformando la dinámica competitiva del sector.
En este nuevo escenario, la pregunta ya no es quién administra mejor el negocio tradicional, sino quién será capaz de construir el próximo modelo de crecimiento.
La respuesta podría encontrarse en un lugar donde muchos aún ven únicamente una herramienta tecnológica en tendencia: la inteligencia artificial y activos digitales.
Durante años, la transformación digital prometió revolucionar la productividad de la banca. Se digitalizaron procesos, se desarrollaron aplicaciones móviles, se automatizaron trámites y se fortalecieron los canales virtuales. Sin embargo, el impacto sobre la productividad estructural del sector fue menor al esperado. La razón es que gran parte de la digitalización consistió en agregar tecnología sobre modelos operativos existentes, sin cuestionar realmente cómo rediseñarlos.
La inteligencia artificial introduce una posibilidad distinta. Las entidades financieras pueden replantear integralmente la forma en que generan ingresos, gestionan riesgos, desarrollan productos y se relacionan con sus clientes, con acesso a herramientas que hacen esto posible.
La discusión, por tanto, no debería centrarse únicamente en cuánto ahorro genera la IA. Su verdadero potencial está en cuánto crecimiento puede habilitar.Un banco impulsado por inteligencia artificial puede ofrecer asesoría financiera personalizada a millones de clientes simultáneamente, puede identificar oportunidades comerciales antes invisibles, diseñar productos ajustados a necesidades específicas, acelerar decisiones crediticias, optimizar la gestión patrimonial y mejorar la experiencia del usuario sin incrementar proporcionalmente sus costos operativos.
Históricamente, ofrecer servicios financieros de alto valor requería aumentar recursos, personal y capacidad operativa. La IA rompe esa relación. Permite escalar capacidades que antes estaban reservadas para segmentos específicos de clientes y extenderlas a toda la organización.
No es casualidad que, según el informe de BCG, las instituciones financieras planeen invertir este año cerca del 2% de sus ingresos en inteligencia artificial, una cifra superada únicamente por la industria tecnológica directamente.
Lo relevante es que los líderes del sector ya no están utilizando la IA únicamente para automatizar tareas, sino que están integrándola al núcleo de su estrategia empresarial.
La diferencia es determinante.Las organizaciones rezagadas continúan ejecutando pilotos aislados y proyectos experimentales. Las compañías líderes están rediseñando procesos completos, transformando modelos operativos y creando nuevas fuentes de ingresos alrededor de capacidades basadas en IA.
La ventaja competitiva ya no proviene exclusivamente del tamaño del balance, la red de distribución o la cantidad de clientes. Proviene de la capacidad para convertir información en decisiones, personalización en crecimiento y tecnología en nuevas oportunidades de negocio.
Para la banca colombiana, esta transformación representa una oportunidad excepcional.El país cuenta con una industria financiera sólida, una creciente adopción digital y un ecosistema de innovación cada vez más dinámico. Pero la verdadera oportunidad no está en utilizar la inteligencia artificial para proteger el modelo actual. Está en utilizarla para construir el siguiente.
Por: Juliana Sguerra, managing director & partner de BCG y líder de la práctica de insituciones financieras en Iberia y América Latina
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