Colombia destinó $41,45 billones a hospitalizaciones en 2025, cerca del 40% del gasto en salud. Los Grupos Relacionados por Diagnóstico, GRD, pueden ayudar a reducir estancias, comparar resultados y utilizar mejor los recursos del sistema.
No hay tiempo que perder. Tras la profunda crisis explícita a la que fue conducido el sistema de salud en los últimos cuatro años, hoy contamos —por fortuna— con un escenario en el que todos los actores están dispuestos a impulsar cambios para proteger uno de los activos sociales más valiosos de Colombia. Esta convergencia nos abre una ventana de oportunidad para introducir transformaciones que antes no eran viables y que pueden generar mejoras significativas en el desempeño y la sostenibilidad del sistema.
La ministra de salud, Ana María Vesga, solicitó una adición de 13,9 billones para 2027 para destinarlos -en gran medida- al financiamiento del aseguramiento y atención en salud y casi dos billones de pesos para inversiones para los hospitales públicos. Esta petición se formula en un contexto nacional de déficit fiscal y frente a las necesidades sobrevinientes generadas por el reciente terremoto.
En este escenario, no es de extrañar que se insista en mejorar la eficiencia del sistema, pero la conversación casi siempre gira alrededor de la atención primaria, la digitalización o las compras de medicamentos. Sin embargo, se habla poco de las oportunidades que existen en la atención hospitalaria, a pesar de que —según la ADRES— en 2025 Colombia destinó $41,45 billones de pesos a las hospitalizaciones, es decir, cerca del 40 % del gasto total en salud. Allí hay una oportunidad que no podemos seguir ignorando.
Colombia posee un sistema hospitalario robusto y reconocido internacionalmente. A pesar de ello, la relación con los aseguradores sigue mediada por modelos de compra basados en prestaciones —como el pago por evento— que no incentivan resultados en salud, incrementan los costos de transacción y complejizan las relaciones. La reciente adopción de pagos globales prospectivos, motivada por la crisis financiera, ha derivado en esquemas heterogéneos y difícilmente comparables, con limitaciones para su monitoreo y evaluación, como -vestidos hechos de retazos-.
A nivel global, y desde hace más de 40 años, metodologías como los Grupos Relacionados por Diagnóstico (GRD) han sido incorporadas en la arquitectura de los sistemas de salud como instrumentos para incentivar la eficiencia y mejorar la gestión hospitalaria. Su utilidad es amplia y diversa: i) ordenan la producción hospitalaria bajo criterios clínicos y de consumo de recursos; ii) sirven como base para modelos de pago prospectivo, permitiendo asignar presupuestos con mayor transparencia y comparabilidad; iii) facilitan el ajuste de riesgo, la medición del desempeño y la diferenciación entre complicaciones adquiridas y condiciones preexistentes, fortaleciendo la calidad y la seguridad del paciente; y iv) habilitan procesos de auditoría clínica y benchmarking entre instituciones. En conjunto, los GRD funcionan como un lenguaje común que estandariza la producción hospitalaria y su información, mejora la toma de decisiones y potencia la eficiencia en los sistemas de salud que los adoptan.
En Colombia, la introducción de los GRD ha sido lenta, en parte por una incongruencia normativa: el Ministerio de Salud los ha clasificado históricamente como un simple mecanismo de pago, desconociendo su función estructural en la gestión hospitalaria. A ello se suma la decisión de muchas clínicas y hospitales de mantener el pago por evento, atraídos por la aparente comodidad financiera que ofrece este modelo.
Sin embargo, iniciativas piloto —como la desarrollada por Processum con el apoyo de la Cámara de Salud de la ANDI— demostraron que el país cuenta con la capacidad técnica y operativa para adoptar GRD, validando además un framework de implementación rápida que facilita la toma de decisiones y abre la puerta a una modernización real del modelo de producción hospitalaria.
Su aplicación en diferentes instituciones hospitalarias colombianas ha permitido evidenciar impactos concretos: reducciones de hasta el 15 % en la estancia media, lo que se traduce en cerca de 1.500 nuevos ingresos hospitalarios por año gracias a la liberación diaria de camas; una disminución del 22 % en las infecciones intrahospitalarias asociadas a estancias prolongadas; y ahorros estimados en 2,8 millones de dólares por la reducción de desperdicios vinculados al gasto operativo en insumos y al uso ineficiente del talento humano. Estos resultados muestran que la adopción de GRD no solo es viable, sino que genera beneficios inmediatos en eficiencia, seguridad del paciente y sostenibilidad operativa.
Los ejercicios de aplicación de la metodología GRD sobre bases de datos nacionales permiten, además, identificar que la atención hospitalaria del país se puede explicar en un conjunto de alrededor de 300 GRD. Uno de los más representativos es el de Enfermedad Infecciosa del Riñón y Vía Urinaria, en el cual no se observan diferencias significativas en la estancia media entre regiones, pero sí variaciones importantes en el valor de la atención. Asimismo, su costo es mayor en instituciones de alta complejidad, lo que plantea preguntas clave para el diseño de redes integradas de servicios: ¿dónde es más eficiente atender estos casos? Simulaciones realizadas muestran que ajustes sencillos en la conducción de los pacientes dentro de las redes y esquemas de contratación más inteligentes podrían generar ahorros de hasta un 25 % en este grupo, evidenciando el potencial transformador de los GRD en la organización y gestión del sistema hospitalario.
Con la incursión de la Inteligencia Artificial (IA), los GRD han incrementado significativamente su potencia analítica, facilitando la captura de la morbilidad de los pacientes, incorporando gestión del costo, habilitando el seguimiento a protocolos clínicos y permitiendo generar predicciones desde el inicio de la estancia hospitalaria. Han pasado de ser una herramienta estratégica de planeación y seguimiento a convertirse en un instrumento táctico, prospectivo y de aplicación inmediata durante la atención del caso.
Para una adopción nacional, el país requiere una decisión política que priorice la medición de la eficiencia hospitalaria con criterios modernos; un ajuste normativo que promueva el uso de los GRD como herramienta de gestión; una estrategia de fortalecimiento del registro clínico soportada por talento técnico especializado; y la integración de tecnologías de IA que faciliten procesos de codificación y análisis avanzado. Asimismo, se requiere la publicación de estándares nacionales de GRD sobre estancias, reingresos, severidad y complejidad, entre otros, que permitan orientar la gestión y asegurar comparabilidad entre instituciones.
Por: Liz Garavito Beltrán
Ingeniera, magíster en Economía y con 12 años de experiencia en el sector salud.
