Popayán, Armero, Armenia y el COVID han sido eventos muy fuertes que demuestran que en nuestro país hay capacidad técnica, logística, legal, legislativa e institucional para salir adelante. Esta no será la excepción.
La agenda del nuevo gobierno estaba definida en función de políticas determinadas y conocidas hacia problemas que no dejan duda: recuperación de la seguridad urbana y en los territorios, rescate financiero al sector de la salud, crisis fiscal y la herencia de saqueo de los dineros públicos (corrupción), como temas centrales, así haya otros en previsión como el impacto del fenómeno de El Niño y la recuperación de la riqueza perdida. Pero de pronto -y sin calcular su intensidad- esas definiciones no quedan aplazadas, pero el énfasis del gobierno, al menos en el corto plazo, se tiene que centrar sin discusión, en la atención a los efectos del terremoto del pasado 10 de agosto, cuyo impacto real todavía no se puede calcular y pasará algún tiempo en alcanzar alguna precisión relevante. Tristemente, los compatriotas fallecidos son la cruel estadística que no se puede ocultar; la evidencia de los daños en distintas áreas es real.
Desgracia y solidaridad son emociones complementarias, siguiendo, por simple lógica, la segunda a la primera como respuesta humana, pero con una temporalidad distinta. La catástrofe deja inflexiblemente su registro imborrable en tanto que el sentimiento solidario se evapora a medida que pasa el tiempo y es humano pensar que un pequeño acto de aporte constituye una pieza fundamental para la solución de un problema, cuando la realidad es solo una sumatoria agregada puede representar algo significativo.
Las necesidades pueden tener similitudes, pero cada caso o territorio tienen características únicas. Ahora en particular, el tratamiento integral es muy distinto por ejemplo en las ciudades y poblaciones del Eje Cafetero del que se le debe dar a Quibdó y otros municipios. Pero además, las prioridades cambian a medida que se aleja el hecho mismo del siniestro, porque es evidente que la primera acción de recuperar vidas o acompañar el dolor de las familias no tiene mucho que ver con la etapa de la reconstrucción y atención de necesidades de más largo plazo: los costos, recursos y proyectos son otra cosa.
Abelardo De La Espriella asumió apenas hace dos meses la conducción del país, pero esa es la realidad y no se puede obviar, sin consideración alguna frente al pasado. Gobernar implica enfrentar y solucionar los problemas en una relación directa entre su ocurrencia y la acción, procurando la mínima improvisación posible que de todas maneras aparece en una emergencia por asuntos que van desde la información misma de las magnitudes encontradas que cambian de un día para otro. Pero no hay opción: las acciones se deben convertir en soluciones para la gente; estas se concretan en la asignación de los recursos financieros, logísticos y de integración de los esfuerzos con los distintos actores sociales que tienen que ver con el asunto: los empresarios, los trabajadores y, sin duda, los gobernantes locales y regionales.
Puede que no haya sido inmediatamente al comienzo de distintos gobiernos, pero hay evidencia contundente de cómo se han enfrentado calamidades grandes en el pasado reciente, con relativo éxito. Esas experiencias se deben tener muy en cuenta, así no sean comparables los momentos, las circunstancias, los impactos sobre las comunidades y menos el avance de la ciencia y tecnología que hoy se tiene frente a 20 o 30 años. Popayán, Armero, Armenia y el COVID han sido eventos muy fuertes que demuestran que en nuestro país hay capacidad técnica, logística, legal, legislativa e institucional para salir adelante, obviamente con la solidaridad y resiliencia de todos los colombianos. Esta no será la excepción con Abelardo De la Espriella y José Manuel Restrepo al frente del timón.
*El autor es Mario Hernández, empresario exportador
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
#NuestraRevista Esta columna se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de septiembre. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.
Lea también: Tras 12 años en el cargo, Bruce Mac Master presenta su renuncia como presidente de la ANDI
