En muchas empresas, la conversación sobre inteligencia artificial ocurre en una sala. La de ciberseguridad, en otra. La de infraestructura tiene su propio presupuesto. Y la de energía probablemente ni siquiera se considera parte de la estrategia tecnológica.

Mientras tanto, todas estas tecnologías dependen cada vez más unas de otras.

Durante años organizamos nuestras apuestas tecnológicas en conversaciones separadas: una sobre nube, otra sobre automatización, otra sobre ciberseguridad. Cada una con sus especialistas, sus prioridades y su hoja de ruta. Hoy, esa forma de decidir empieza a quedarse corta.

Nuestro McKinsey Technology Trends Outlook 2026, que analiza 14 tendencias de frontera, muestra hasta qué punto estas tecnologías se están conectando. La inteligencia artificial necesita semiconductores más potentes, infraestructura de cómputo y energía. Su expansión exige nuevas capacidades de ciberseguridad. Y, combinada con la robótica, puede llevar lo que hoy hacemos en una pantalla a una fábrica, una bodega o un campo de cultivo.

Para quienes lideramos empresas, esto tiene una consecuencia muy concreta: saber qué tecnología está creciendo más rápido ayuda, pero no alcanza para decidir dónde invertir.

Las cifras muestran la velocidad del cambio. Cinco tendencias estaban en camino de recibir en 2026 más del doble de inversión que en 2025: desarrollo de software agéntico, infraestructura y arquitecturas de modelos de IA, IA aplicada al descubrimiento científico y la ingeniería, tecnologías espaciales y robótica.

Es fácil mirar esos números y sentir que hay que entrar en todas

Pero invertir más no significa que una tecnología esté lista para desplegarse a escala. En las cuatro tendencias relacionadas con IA que analiza el estudio, así como en semiconductores especializados, más del 75% de las vacantes publicadas se concentra todavía en investigación y desarrollo. Muchas de estas tecnologías siguen construyendo las capacidades que permitirán una adopción más amplia.

Esto nos obliga a hacer mejores preguntas

¿Dónde puede cambiar la economía de nuestro negocio? ¿Qué podríamos hacer que hasta hace poco era demasiado costoso, demasiado lento o simplemente imposible? ¿Qué combinación de tecnologías permitiría hacerlo? ¿Y qué necesitamos empezar a construir desde hoy?

Pensemos en una empresa industrial que evalúa incorporar robots. Parte de la decisión está en las máquinas, por supuesto. Pero también en las capacidades de IA que les permitirían reconocer objetos, adaptarse a situaciones distintas o ejecutar tareas más complejas. El valor de esa inversión depende de cómo funcionen juntas.

Algo parecido ocurre con cualquier compañía que quiere escalar el uso de IA. La ambición tiene que venir acompañada de decisiones sobre datos, infraestructura, seguridad y talento. Y, a medida que crece la demanda de cómputo, también sobre la disponibilidad y el costo de la energía.

Si cada decisión se toma por separado, podemos terminar con inversiones que tienen sentido individualmente, pero que no cuentan con lo necesario para producir resultados en conjunto.

Para las empresas colombianas, el reto es elegir dónde actuar con convicción. Perseguir cada tendencia puede dispersar recursos y atención. Esperar a que todo esté probado también tiene un costo: llegar tarde a desarrollar capacidades que toman años.

El punto de partida es la estrategia del negocio. Identificar dónde estas tecnologías pueden cambiar lo que ofrecemos, cómo operamos o cuánto cuesta servir a un cliente. Y, desde ahí, decidir qué capacidades necesitamos y cómo conseguirlas.

Habrá empresas que deban desarrollarlas internamente. Otras encontrarán más valor en una alianza o en una solución disponible en el mercado. Saber qué construir, qué comprar y con quién asociarse será una parte central de la ventaja competitiva.

También tendremos que conectar nuestras propias decisiones. Poner a conversar a quienes lideran el negocio con quienes deciden sobre tecnología, operaciones, riesgo y talento. Acordar qué resultado queremos lograr y evaluar las inversiones necesarias para hacerlo posible.

Seguirán apareciendo tecnologías que nos sorprendan. Pero hay una oportunidad enorme en conectar las que ya tenemos enfrente.

Las tecnologías ya están encontrando cómo trabajar juntas. Nos toca hacer lo mismo.

Por: Juan David Muñoz, socio deMcKinsey & Company.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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