En Colombia tenemos 40 millones de hectáreas cultivables y solo 6 millones se encuentran en uso. Actualmente, solo el 31% del sector agro usa tecnología para actividades de asistencia técnica o producción. ¿Cómo mejorar la cifra?
El sector agro representa un pilar fundamental en la economía colombiana (~7% del PIB) y es uno de los 13 sectores de la economía que lidera la reactivación económica post Covid-19, lo que hace indispensable la adopción de nuevas tecnologías para responder a los desafíos de la globalización y las nuevas tendencias de los mercados actuales. En Colombia, tenemos 40 millones de hectáreas cultivables y solo 6 millones se encuentran en uso.
Actualmente, solo el 31% del sector agro usa tecnología (TIC) para actividades de asistencia técnica o producción. Intel forma parte de una amplia red de investigadores y desarrolladores que trabajan con herramientas como sensores y drones para ayudarle a la industria agro. Estas aplicaciones agrícolas emergentes pueden desencadenar una nueva forma de pensar sobre algunos problemas empresariales.
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Además, el desarrollo del sector agro es extremadamente importante, ya que solo su desarrollo garantizará la seguridad alimentaria. Según una estimación reciente publicada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el mundo tendrá 9.700 millones de habitantes en 2050.
En Colombia, según proyecciones de la Cepal (La Comisión Económica para América Latina y el Caribe), la población llegaría hasta los 55,9 millones en el 2050. En conjunto, la esperanza de vida en ambos sexos pasará desde los 77 años actuales, hasta los 82,8 años en el 2050 y hasta los 88,1 años al final de este siglo.
Por ello, es fundamental que el sector agrícola aproveche cada vez más las nuevas herramientas tecnológicas, como la inteligencia artificial, la robótica y el internet de las cosas, entre otras, para asegurar una gestión integrada y altamente eficiente de sus modelos productivos. Esta revolución tecnológica en el campo busca aumentar la eficiencia, agilidad y productividad, aprovechando mejor los recursos, lo que repercutirá positivamente en la seguridad alimentaria mundial.
¿Cómo mejorar la productividad y al mismo tiempo ser sostenible?
La respuesta seguramente se relaciona con el Big Data, edge computing, Internet de las Cosas y drones. Las granjas ya están utilizando análisis para resolver problemas poco probables. Estas aplicaciones agrícolas emergentes pueden desencadenar nuevas ideas sobre algunos problemas urgentes.
Cuando pensamos en Internet de las Cosas en el agro, pensamos en maíz y soja. La adaptación segundo a segundo de estas plantas al clima y las condiciones del suelo produce un flujo continuo de datos que ayudan a administrar mejor las granjas. Usando un software de análisis desarrollado para agricultores, es posible simular el impacto de los ajustes de agua, fertilizantes y pesticidas.
La agricultura, la más antigua de las industrias humanas, se está convirtiendo en uno de los mejores campos de prueba para sensores, drones y análisis de Big Data. Estos métodos están ayudando a los agricultores a aumentar los rendimientos, los márgenes y la eficiencia a gran escala, algunos de los objetivos principales de todas las industrias.
Ya es posible virtualizar cultivos completos, por ejemplo. Ya estamos viendo cómo se están utilizando imágenes aéreas de satélites y aviones para detectar información como la elevación, la temperatura, la humedad del suelo y los niveles de clorofila. De esta manera, las imágenes y los datos se exportan al software de mapeo y análisis para identificar las áreas no saludables de los cultivos.
Los dispositivos como los drones inteligentes y los tractores autónomos nos permiten preguntarnos de dónde se encuentra la inteligencia y dónde se realizará el procesamiento de datos: ¿en equipos al borde de la granja o en un centro de datos basados en la nube?
En el sector agro, podemos anticiparnos a decir que el centro de datos y los dispositivos de borde van a evolucionar juntos. Las granjas futuras combinarán dispositivos semiautónomos inteligentes con un sistema de comando central basado en la nube que se beneficiará del análisis de datos en muchas ubicaciones.
Los datos agrícolas son muy oportunos, deben capturarse en un momento muy preciso y deben funcionar siempre. Y eso es algo que solo las tecnologías más innovadoras pueden ofrecer.
Agro 4.0
El agro colombiano tiene el gran reto de fortalecer las cadenas productivas con la implementación y apropiación de tecnologías innovadoras. Por eso, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ha empezado el programa Agro 4.0 que tiene como objetivo generar recomendaciones de política pública de apropiación tecnológica, orientadas a incentivar el uso y adopción de tecnologías avanzadas y la explotación de datos en el agro colombiano como factores que incrementen la productividad y la competitividad.
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El concepto “agricultura de precisión” es el más usado en lo que se refiere al uso de tecnologías aplicables al agro. Se define como un conjunto de tecnologías que buscan optimizar la producción agrícola a través del manejo de la variabilidad (espacial y temporal) de los factores de producción del cultivo.
Esto, en palabras más sencillas, son las alternativas de medición en tiempo real de factores como humedad, temperatura, radiación solar, pluviosidad, afectaciones de plagas, entre otras variables, que permiten a través de Big Data generar predicciones de cosechas y mayor control de los cultivos para tomar decisiones más informadas en el lugar y momento apropiado.
En Colombia, se están desarrollando modelos de integración que permiten ofrecer el aprovechamiento y uso de estas nuevas herramientas, que no solo beneficiarán a los agricultores, sino que contribuirán al país a seguir desarrollando el campo, a ser cada día más competitivos, a afianzar la dinámica exportadora, a contribuir con el tejido social y a dinamizar la agricultura sostenible.
Por: Marcelo Bertolami*
*El autor es director general de Intel para los países emergentes de América Latina.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes.
