Los recuerdos no son solo archivos del pasado, sino recursos activos para construir futuros. ¿Cómo pueden aprovechar esto los líderes?

En el vertiginoso mundo empresarial en que estamos, donde la estrategia emergente y la visión de futuro son fundamentales, vale la pena detenernos a reflexionar sobre nuestra relación con el tiempo. ¿Es posible recordar el futuro? Esta aparente paradoja, respaldada por estudios científicos, puede convertirse en una poderosa herramienta para el liderazgo.

La ilusión del tiempo lineal

Cuántas veces hemos oído que el futuro no existe, que el pasado ya pasó, y que solo tenemos el presente. Esta concepción lineal del tiempo está tan arraigada en nuestra cultura que raramente la cuestionamos. Pero, ¿es esto real?

Parte de la neurociencia sugiere que no. Según Schacter, Addis y Buckner (2007), nuestro cerebro utiliza los mismos mecanismos cognitivos para recordar el pasado que para imaginar el futuro. Lo que denominamos “recordar el futuro” implica procesos cognitivos que van más allá de la memoria tradicional como una bodega que almacena eventos pasados, involucrando un modo constructivo y anticipatorio de pensamiento.

En el ámbito empresarial, nos movemos constantemente entre estas dimensiones temporales: analizamos datos históricos, tomamos decisiones en el presente, y proyectamos escenarios futuros. Esta fluidez temporal no es casual, sino que refleja cómo funciona nuestro cerebro.

La fragilidad de lo vivido y la neuroplasticidad

Con frecuencia consolarnos con frases como “nadie me quita lo bailado” o “nadie me quita lo viajado”, creyendo que nuestras experiencias pasadas son tesoros permanentes. Sin embargo, esta certeza es más frágil de lo que parece.

Para las personas que enfrentan enfermedades neurodegenerativas, accidentes cerebrales o traumas severos, los recuerdos pueden desvanecerse. Como dice la canción de Víctor Manuel “¿a dónde irán los besos que guardamos, que no damos?”, nuestras memorias más preciadas pueden desaparecer.

Esta vulnerabilidad de la memoria nos muestra que, paradójicamente, solo está en nuestro poder lo que recordamos activamente. Los estudios de neuroimagen han revelado que regiones cerebrales como la corteza prefrontal medial y el área 10 de Brodmann participan tanto en la rememoración retrospectiva como en la planificación prospectiva (Schacter et al., 2007), sugiriendo una estrecha relación entre nuestra capacidad para recordar y para proyectar.

La arqueología del futuro y la construcción de escenarios

No solo podemos estudiar el pasado, también podemos hacer una “arqueología del futuro”, explorar aquellos futuros colectivos imaginados en épocas anteriores. Las profecías, las utopías y distopías literarias son ejemplos de futuros concebidos en el pasado que siguen ejerciendo influencia.

Este fenómeno tiene su correlato científico. En un estudio de los investigadores Adam G. Underwood y sus colegas de la Universidad del Estado de Nuevo México publicado en el 2015 en la revista científica Frontier in Human Neuroscience, los autores argumentan que la memoria está fundamentalmente sintonizada no solo para preservar experiencias pasadas, sino también para crear representaciones y simulaciones que informan comportamientos orientados al futuro. Nuestra mente no almacena recuerdos como fotos estáticas, sino que constantemente los reconstruye, permitiéndonos ensamblar detalles del pasado en nuevos escenarios coherentes.

Las grandes empresas participan en esta construcción de futuros a través de visiones corporativas y planes estratégicos. Este proceso, lejos de ser mera especulación, representa una aplicación sofisticada de nuestra capacidad cognitiva para “recordar el futuro”.

Recordar hacia adelante: base neurológica de la previsión

“Recordar el futuro” evoca una idea respaldada por la ciencia: podemos “recordar” el futuro al visualizarlo con tanta claridad que adquiere la consistencia de un recuerdo. El investigador del Instituto de Investigaciòn de Rotman en Canadá, Karl Szpunar en una investigación publicada en el 2010) destaca que el pensamiento episódico futuro depende de sustratos neurales similares a los de la memoria autobiográfica, apoyando la hipótesis de que recordar el futuro es una aplicación del sistema de memoria del cerebro a un marco anticipatorio.

Los estudios del japones Jiro Okuda (2012) confirman que este proceso constructivo permite a los individuos anticipar desafíos y oportunidades futuras, alineando sus acciones para lograr resultados deseados. No se trata solo de predecir, sino de crear activamente representaciones mentales detalladas que guían nuestro comportamiento.

¿Qué utilidad tiene esto para usted como líder posibilista?

  • Cultive memorias con propósito: Los recuerdos no son solo archivos del pasado, sino recursos activos para construir futuros. La investigación de Schacter y sus colegas del 2007 demuestra que, al reestructurar activamente las memorias, podemos crear simulaciones más efectivas del futuro. Identifique y fortalezca aquellas memorias organizacionales que impulsen su visión.
  • Practique la visualización estratégica: La neurociencia muestra que la visualización detallada activa las mismas regiones cerebrales que la memoria episódica (Szpunar, 2010). Dedique tiempo a imaginar futuros con el mismo nivel de detalle y emoción con que recordaría un evento significativo. Este “recuerdo del futuro” puede convertirse en un poderoso motor de cambio.
  • Aproveche la memoria adaptativa: Según Underwood et al. (2015), nuestra memoria futura es adaptativa por naturaleza. Permite la modificación flexible de estrategias conductuales basadas en estados futuros imaginados, mejorando la toma de decisiones individuales y promoviendo la preparación organizacional. Al construir proactivamente escenarios futuros, puede crear estrategias específicas para la resolución de problemas y la gestión de riesgos.
  • Reconozca la interconexión temporal: Los estudios de neuroimagen revelan que nuestro cerebro integra constantemente pasado, presente y futuro (Schacter et al., 2007). Las decisiones de hoy están influenciadas tanto por su interpretación del pasado como por su visión del futuro. Ser consciente de esta interconexión puede enriquecer tremendamente su proceso de toma de decisiones.

En un mundo empresarial obsesionado con el futuro, comprender los mecanismos cognitivos que nos permiten “recordar el futuro” nos ofrece una ventaja competitiva significativa. Esta capacidad no es simplemente imaginación, sino un proceso integrativo donde las funciones de la memoria se dirigen hacia la construcción, codificación y simulación de eventos futuros, transformando el pasado en un recurso dinámico para dar forma al futuro.

Por: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es Jefe de la Maestría en Sostenibilidad de la Universidad EAFIT. Antes fue presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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