Pero si todos aspiran a dirigir, surge una pregunta incómoda: ¿quién queda para seguir?
El culto al liderazgo ha invisibilizado una verdad incómoda: sin followership comprometido, no hay liderazgo real.
Todos quieren liderar. En las escuelas de negocios, multiplicamos los programas de desarrollo de liderazgo. En LinkedIn, proliferan los títulos que incluyen “líder” o “leadership”. Las librerías desbordan con promesas de convertirte en el próximo Steve Jobs. Pero si todos aspiran a dirigir, surge una pregunta incómoda: ¿quién queda para seguir?
Esta obsesión con el liderazgo ha creado un punto ciego peligroso en nuestras organizaciones y sociedades. Hemos olvidado que, como advirtió Lao Tzu hace milenios, “para liderar gente, camine detrás de ella”. La interdependencia entre líderes y seguidores no es opcional; es la esencia misma de cualquier sistema humano funcional.
El mito del liderazgo solitario
Nuestra cultura empresarial ha romantizado la figura del líder visionario, solitario en la cima, tomando decisiones brillantes que transforman industrias. Esta narrativa no solo es incompleta; es peligrosa. Perpetúa la ilusión de que el liderazgo es un mérito individual en un entorno competitivo, mientras que el followership se percibe como inferior, particularmente en sociedades con alta distancia al poder.
Aclaro que estoy usando el concepto followership en inglés solamente por no haber encontrado una palabra en español que encapsule este término que incluso es acuñado relativamente reciente que equivalga a “liderazgo” pero para seguidores.
La realidad es más compleja y fascinante. Los grandes momentos de la historia empresarial reciente, desde la transformación de IBM bajo Lou Gerstner (1993-2002) hasta el renacimiento de Microsoft con Satya Nadella (desde 2014), no fueron actos de genialidad solitaria. Fueron sinfonías de followership inteligente, donde miles de personas eligieron activamente seguir, cuestionar, apoyar y co-crear una visión compartida.
Followership: la mitad perdida de la ecuación
Seguir no es obedecer. Seguir no es sumisión. Seguir no es pasividad.
El concepto de “followership” hace referencia a las diversas formas de comportarse, pensar y actuar que caracterizan a quienes siguen a un líder en cualquier contexto organizacional o social. Aunque este término es bastante nuevo y todavía se está estableciendo en español, pone el foco en cómo los seguidores participan de manera activa y responsable, alejándose de la idea tradicional de que simplemente obedecen órdenes sin más. En realidad, estos seguidores tienen poder de influencia, pueden evaluar críticamente las decisiones y se comprometen genuinamente con los objetivos del grupo.
Mientras que el liderazgo se entiende comúnmente como la habilidad para influir y guiar a otros, el followership resalta lo importante que es la participación consciente y voluntaria de los seguidores. Estos últimos ayudan a construir el liderazgo a través de su apoyo, sus cuestionamientos constructivos y su colaboración. Por esta razón, es imposible tener un liderazgo verdaderamente efectivo sin seguidores que se involucren activamente y con compromiso.
Ubuntu, la filosofía africana que puede resumirse en la frase “Yo soy porque nosotros somos” o en Xhosa “Umuntu ngumuntu ngabantu” (una persona es una persona a través de otras personas), enfatiza la interconexión humana, la humanidad compartida y la importancia de la comunidad. Ubuntu reconoce que ninguna persona existe de forma aislada, similar a cómo el followership reconoce que los líderes no pueden funcionar sin seguidores efectivos.
En cuanto al idioma español, todavía no hay una palabra única y ampliamente aceptada que capture exactamente este concepto. Se han creado términos nuevos como “seguidorazgo” para expresar esta relación de interdependencia entre líderes y seguidores. También se usan expresiones como “condición de seguidor”, “rol de seguidor” o simplemente “seguidores”, pero ninguna de estas opciones logra transmitir completamente la naturaleza dinámica y estratégica que caracteriza al followership.
El arte y la habilidad de ser un buen seguidor o followership efectivo es un acto de agencia radical. Requiere discernimiento para elegir a quién seguir, coraje para cuestionar cuando es necesario, y sabiduría para saber cuándo liderar desde atrás. Como señala Robert Kelley en su investigación seminal, los seguidores efectivos no son ovejas pasivas. Los seguidores efectivos son pensadores críticos que participan activamente en los procesos de toma de decisiones y contribuyen positivamente a la dinámica del equipo.
Los atributos del ‘seguidor ejemplar’
¿Qué hace a un gran seguidor? La investigación sugiere varios atributos clave:
- Pensamiento crítico constructivo: Los mejores seguidores no dicen que sí a todo. Cuestionan, analizan y ofrecen perspectivas alternativas. En Pixar, por ejemplo, el “Braintrust” funciona porque los seguidores tienen permiso—y la responsabilidad—de desafiar incluso a los directores más exitosos.
- Autogestión: Los seguidores excepcionales no esperan “micro-management”. Toman iniciativa, asumen responsabilidad y actúan con autonomía dentro de los parámetros acordados. En organizaciones como Spotify, los “squads” autónomos demuestran cómo el followership empoderado puede superar a las jerarquías tradicionales.
- Coraje para la disidencia: Cuando Sherron Watkins, vicepresidenta de Enron, alertó sobre los problemas contables en la organización, demostró el tipo de followership valiente que las organizaciones necesitan desesperadamente. Los grandes seguidores saben cuándo alzar la voz, incluso, especialmente, cuando es incómodo.
- Compromiso con el propósito compartido: El followership efectivo no es lealtad ciega a una persona, sino compromiso profundo con una misión. Los seguidores de movimientos como el de derechos civiles no seguían solo a Martin Luther King Jr.; seguían un ideal de justicia, y la filosofía de la no-violencia.
- Adaptabilidad inteligente: En contextos de policrisis, múltiples presiones y cambio acelerado, los seguidores efectivos navegan las transiciones con agilidad, ajustando su apoyo según las circunstancias sin perder su norte ético.
Casos que transformaron el mundo
La historia está llena de momentos donde el followership inteligente cambió el curso de eventos:
- El Movimiento de Derechos Civiles: Rosa Parks es recordada como líder, pero su acto de desafío fue posible porque miles eligieron seguir el boicot de autobuses de Montgomery durante 381 días.
- La Transformación de Microsoft: Cuando Satya Nadella asumió como CEO, el cambio cultural no ocurrió por decreto. Miles de empleados eligieron activamente abandonar la cultura tóxica de competencia interna y abrazar la colaboración.
- Los Equipos de Respuesta a Crisis: Durante la pandemia de COVID-19, los equipos médicos que salvaron más vidas fueron aquellos donde enfermeras y técnicos ejercieron followership activo, compartiendo observaciones críticas y adaptando protocolos en tiempo real.
Reenmarcando el poder: followership como inteligencia colectiva
El followership no es subordinación; es una forma sofisticada de poder distribuido. En las organizaciones más innovadoras del mundo (desde las unidades de fuerzas especiales hasta los laboratorios de investigación de vanguardia) el liderazgo es fluido. Las personas alternan entre liderar y seguir según la expertise requerida en cada momento.
Esta fluidez representa una evolución en nuestra comprensión del poder organizacional. No es un juego de suma cero donde el poder del líder disminuye el del seguidor. Es un sistema sinérgico donde el followership inteligente amplifica el liderazgo efectivo, creando una espiral ascendente de capacidad colectiva.
El desafío para las organizaciones modernas
Si aceptamos que el followership es esencial, las implicaciones son profundas:
- Rediseñar la educación ejecutiva: Necesitamos programas que enseñen el arte de seguir con la misma sofisticación que enseñamos liderazgo. Esto incluye módulos sobre cuándo ceder el protagonismo, cómo apoyar efectivamente, y cuándo ejercer resistencia constructiva.
- Repensar los sistemas de reconocimiento e incentivos: Las organizaciones deben celebrar no solo a quienes lideran iniciativas exitosas, sino a quienes las hicieron posibles a través de followership excepcional.
- Cultivar la seguridad psicológica: El followership activo florece en ambientes donde cuestionar y disentir no solo es tolerado, sino valorado. Esto requiere un cambio fundamental en muchas culturas corporativas.
- Desarrollar métricas de followership: Así como medimos competencias de liderazgo, necesitamos formas de evaluar y desarrollar capacidades de followership.
Un llamado a la acción
En una era donde todos aspiran a ser CEO, influencer o thought leader, propongo algo radical: aspiremos primero a ser seguidores extraordinarios. Aprendamos a discernir qué visiones merecen tu energía. Desarrolla el coraje para apoyar sin perder tu voz crítica. Cultivemos la humildad para reconocer cuándo otros están mejor posicionados para liderar.
Porque aquí está la paradoja final: los mejores líderes son, invariablemente, seguidores excepcionales. Comprenden visceralmente lo que significa seguir porque lo han hecho con excelencia. Saben inspirar followership porque conocen su valor intrínseco.
Reivindicar el rol del seguidor no es debilitar el liderazgo, es hacerlo posible. En un mundo que necesita desesperadamente mejor liderazgo, tal vez el camino no sea crear más líderes, sino mejores seguidores. Porque sin followership comprometido, inteligente y valiente, el liderazgo es solo una ilusión solitaria en una sala vacía.
La próxima vez que entres a una reunión, en lugar de preguntarte cómo puedes liderar, pregúntate: ¿cómo puedo seguir de manera que eleve a todos? La respuesta podría transformar no solo tu carrera, sino la de tu alrededor.
Por: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es Jefe de la Maestría en Sostenibilidad de la Universidad EAFIT. Antes fue presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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