Solo en infraestructura, la demanda global podría superar los 68 billones de dólares hacia 2040. Esta situación exige nuevas soluciones, y el capital privado se posiciona como una alternativa esencial. ¿Qué esperar?

El entorno macroeconómico global atraviesa una transformación estructural, impulsada por una combinación de factores como las tensiones comerciales, las presiones inflacionarias, el mantenimiento de tasas de interés elevadas y el aumento sostenido de los déficits fiscales. Este nuevo contexto obliga a replantear cómo, y desde dónde, se financia el crecimiento económico. Para muchos de nuestros clientes, esta coyuntura ha reforzado una convicción que venimos señalando desde hace años: la necesidad de integrar nuevos motores de retorno y resiliencia en las carteras de inversión.

Los déficits acumulados en muchas economías ya superan la capacidad del financiamiento público. Aun así, las necesidades de inversión no solo persisten, sino que continúan en aumento. En la carta anual, Larry Fink, CEO de BlackRock, indica que solo en infraestructura, la demanda global podría superar los 68 billones de dólares hacia 2040. Esta situación exige nuevas soluciones, y el capital privado se posiciona como una alternativa esencial en mercados donde el financiamiento público ha alcanzado sus límites.

Algo similar sucede en el mercado de crédito. Históricamente, los bancos han sido los prestamistas naturales para las corporaciones. Más recientemente, y en particular después de la crisis del 2008, los bancos han se han visto enfrentados a mayores requerimientos de capital, con lo cual les resulta más costoso tener estos créditos en su balance. Al mismo tiempo, las compañías siguen necesitando capital para financiar su crecimiento. En este contexto, el auge del crédito privado no es casualidad. Este tipo de activo está ayudando a cerrar brechas de capital en sectores estratégicos que requieren liquidez para crecer, innovar o transformarse. Además, permite a los inversionistas acceder a fuentes de retorno que históricamente han estado reservadas a grandes instituciones o fondos especializados. Desde BlackRock, observamos cómo los clientes buscan cada vez más exposición a activos no tradicionales, tanto por sus beneficios de diversificación como por su capacidad para ofrecer estabilidad en entornos volátiles.

Este interés por activos alternativos no implica abandonar los instrumentos tradicionales, sino complementarlos. En efecto, vemos cómo los inversionistas están reevaluando sus asignaciones en renta fija y renta variable, buscando estrategias más activas y selectivas que les permitan navegar un entorno más incierto. América Latina, por ejemplo, presenta oportunidades atractivas en estos segmentos, pero exige un enfoque dinámico, con capacidad táctica para adaptarse a cambios regulatorios, shocks externos o ajustes en la política monetaria.

Los enfoques clásicos, como el portafolio 60/40 de acciones y bonos, siguen siendo útiles como punto de partida, pero deben evolucionar. En un entorno donde los riesgos son más complejos y multidimensionales, el valor de una gestión ágil, informada y flexible se vuelve evidente. Incorporar activos como infraestructura o crédito privado, más que una decisión táctica, representa una respuesta estructural al nuevo ciclo económico.

La combinación de déficits persistentes, disrupciones comerciales y la transformación del mercado de crédito a nivel global, refuerza la necesidad de mirar más allá de lo tradicional. Ampliar el acceso a los mercados privados, diversificar el espectro de inversión y construir carteras más resilientes no es solo una estrategia de inversión: es una condición necesaria para sostener el crecimiento en un mundo cada vez más incierto.

Por: Aitor Jauregui*
*El autor es director para Latinoamérica de BlackRock.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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