Colombia creció 2,1% anual durante el segundo trimestre del año, por debajo de la expectativa del 2,6% registrado en el primer trimestre. ¿Estamos frente a un crecimiento sostenible o solo un repunte pasajero?
El dato de crecimiento económico para Colombia en el segundo trimestre del año fue de 2,1% anual, por debajo de la expectativa de 2,6% de acuerdo con la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo y menor al 2,7% registrado en el primer trimestre. Aunque sigue siendo una cifra positiva, lo que siempre es una buena noticia, el interrogante es inevitable: ¿estamos frente a una senda de crecimiento sostenible o simplemente ante un repunte pasajero?
Si miramos con detenimiento, el gran motor de la economía ha sido el consumo de los hogares, que representa el 77% del PIB y creció 3,7% frente al mismo trimestre del año pasado. Dentro de este consumo, los servicios pesan un 58% y los bienes no durables un 30%, lo que muestra la resiliencia de la demanda interna. Sin embargo, depender casi exclusivamente de este factor puede convertirse en un arma de doble filo: el consumo impulsa el crecimiento, pero también presiona la inflación y reduce el margen de maniobra del Banco de la República para seguir bajando las tasas de interés.

El otro gran componente es la inversión, que representa el 18% del PIB. A pesar de haber crecido 6,4% en términos anuales, muestra señales de enfriamiento frente a la recuperación que se había observado en 2024. Y lo más relevante es que gran parte de ese crecimiento vino de la acumulación de inventarios, mientras que la formación bruta de capital fijo —que refleja inversiones en edificaciones, maquinaria e infraestructura, es decir, en capacidad productiva real— apenas creció 1,7%. Dicho de otra forma: la inversión no está generando todavía un impulso sólido para aumentar la productividad ni garantizar un crecimiento de largo plazo.
A este panorama se suma el frente fiscal. El aumento del gasto público y el mayor déficit pueden dar oxígeno en el corto plazo, pero son difíciles de sostener en el tiempo. El riesgo es evidente: si el crecimiento se apoya en exceso en el consumo y en el gasto del Estado, sin un fortalecimiento paralelo de la inversión y la productividad, el modelo termina siendo frágil.
En conclusión, el verdadero reto para Colombia no está en las cifras del trimestre, sino en lo que éstas anticipan hacia adelante. Para lograr un crecimiento sostenible, el país necesita diversificar sus motores y poner la inversión y la productividad en el centro de la agenda. De lo contrario, la economía corre el riesgo de seguir atrapada en ciclos de euforia y desaceleración, sin dar el salto que permita generar empleo de calidad, mayor ingreso y, sobre todo, resiliencia frente a los choques internos y externos que hoy marcan el rumbo de la región.
Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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