La coyuntura actual plantea un problema: cuando las fuentes de incertidumbre provienen precisamente de Estados Unidos, activos refugio tradicionales como el dólar pierden su atractivo para los inversionistas. El oro aquí vuelve a tomar protagonismo, ¿por qué?
Una de las respuestas tradicionales del mercado ante escenarios de alta incertidumbre ha sido recurrir a los llamados activos refugio. Se trata de instrumentos que, por su liquidez, estabilidad o escasez, tienden a preservar valor en momentos de tensión. Históricamente, el dólar estadounidense y los bonos del Tesoro han desempeñado ese papel. Sin embargo, la coyuntura actual plantea un problema: cuando las fuentes de incertidumbre provienen precisamente de Estados Unidos —y los recortes de tasas de interés reducen la rentabilidad de estos activos— su atractivo se debilita.
La consecuencia inmediata ha sido un traslado hacia el refugio clásico por excelencia: el oro. La fuerte demanda ha impulsado su precio hasta US$3.778 por onza, con un aumento de 44% en lo corrido de 2025. Este comportamiento no solo refleja la percepción de riesgo global, sino también un rebalanceo estructural en los portafolios internacionales, donde el oro recupera protagonismo como activo central.
Ante la saturación en este mercado, la respuesta natural ha sido diversificar. Diversificación no implica únicamente refugiarse en activos percibidos como “seguros”, sino ampliar la base de riesgo incorporando distintos factores y geografías. En esa línea, otros metales como la plata han ganado espacio, con un incremento de 49% en 2025, superando incluso la dinámica del oro. Este movimiento evidencia cómo los inversionistas buscan complementar la cobertura tradicional con activos correlacionados, pero con mayor potencial de retorno.

De manera paralela, los flujos de capital han encontrado en los mercados latinoamericanos una alternativa para diversificación geográfica. Los índices bursátiles de la región muestran desempeños significativos: el Colcap (Colombia) avanza 34%, el IPSA (Chile) 37%, y el Bovespa (Brasil) 22% en lo corrido del año. En particular, el caso brasileño resulta relevante: pese a las tensiones comerciales con EE.UU. y el aumento de 50% en los aranceles a sus exportaciones, el mercado accionario ha mostrado resiliencia, reflejando tanto la expectativa de crecimiento interno como la búsqueda de retorno en mercados emergentes.
Estos flujos también se manifiestan en el aspecto cambiario. El ingreso de capitales ha generado presión revaluacionista sobre las monedas locales, lo que introduce un componente adicional en la dinámica de portafolio: la cobertura cambiaria. Pero, si bien América Latina se ha mantenido relativamente al margen de los conflictos geopolíticos globales, no está exenta de riesgos internos. Los procesos electorales próximos en Chile (noviembre de 2025) y Colombia (mayo de 2026) representan potenciales puntos de inflexión, capaces de reconfigurar la percepción de riesgo regional y, en consecuencia, la asignación de capital.
Desde Gandini Análisis lo que veo es que en un entorno en el que los refugios tradicionales pierden efectividad o atractivo, el mercado parece moverse hacia un modelo de refugio distribuido: no un único activo seguro, sino una canasta diversificada que combina metales, emergentes y liquidez táctica. La clave, en este escenario, no es la ausencia de riesgo, sino una gestión activa y dinámica de su origen y magnitud, lo que puede dar pie a movimientos rápidos de flujos entre diferentes clases de activos y regiones.
Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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