Ya no basta con que las corporaciones tengan estrategias de sostenibilidad sólidas en sus operaciones; se trata de crear modelos de gobierno corporativo que permitan identificar los riesgos y oportunidades.

A lo largo de los años hemos visto cómo distintos casos corporativos trascienden la operación propia de las compañías e impactan de manera directa a toda su cadena de valor. Diversos ejemplos internacionales han visibilizado prácticas laborales abusivas o contaminación generada en los entornos en donde operan sus proveedores o de las regiones de donde provienen sus materias primas.  Las regulaciones como el Reglamento (UE) 2023/1115 del Parlamento Europeo y del Consejo sobre cadenas libres de deforestación (EUDR), y la Directiva de la Unión Europea de Debida Diligencia en Sostenibilidad Corporativa CSDDD (Corporate Sustainability Due Diligence Directive) han puesto un mayor foco en la responsabilidad de las empresas sobre lo que ocurre en sus cadenas de abastecimiento.

Ya no basta con que las corporaciones tengan estrategias de sostenibilidad sólidas en sus operaciones; se trata de crear modelos de gobierno corporativo y debida diligencia empresarial que involucren a grupos de interés estratégicos para identificar los riesgos y oportunidades y establecer una hoja de ruta que permita minimizar las externalidades y, por el contrario, amplificar el impacto positivo de los mismos. Estos modelos constan de políticas y procedimientos, estrategias de abastecimiento sostenible, modelos de trazabilidad, entre otros. 

Las políticas y procedimientos aseguran reglas claras para todos los actores de la empresa, desde la alta dirección, colaboradores, proveedores y demás involucrados, independientemente de sus intereses. En esa misma línea establecen límites en procesos de contratación, pues crean un marco de referencia para la cadena de abastecimiento. Para que esto sea efectivo, se requiere de una convicción profunda desde el centro del modelo de negocio, liderado por los tomadores de decisiones pero incorporada a todos los niveles de la organización. 

Las estrategias de abastecimiento sostenible se enfocan prioritariamente en cómo establecer mínimos requeridos en términos de prácticas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG). Para ello, es fundamental establecer una línea base del estado de los proveedores para desde allí construir un camino para el cierre de brechas. Actualmente, existe un sinnúmero de recursos y plataformas digitales que permiten realizar dichas evaluaciones. Este ejercicio cobra particular relevancia para aquellas empresas que no cuentan con los recursos financieros, técnicos o humanos para generar sus propias iniciativas de sostenibilidad, pues acompañadas por la empresa ancla, tienen el potencial de desarrollar una estrategia de triple impacto. En un país como Colombia, donde, según datos de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) más del 90% de las empresas son micro, pequeñas y medianas (MIPYMES), responsables de 79% del  empleo formal y las cuales aportan 40% del Producto Interno Bruto (PIB), las estrategias de cadena de abastecimiento son fundamentales para jalonar un cambio sistémico en la forma de hacer negocios. 

Por último, el uso de sistemas de trazabilidad, mediante herramientas tecnológicas como blockchain (cadena de bloques), permite rastrear el origen de los insumos, lo cual en contextos geopolíticos como los actuales es sumamente útil para favorecer la  transparencia, origen,  legalidad y condiciones óptimas ambientales y sociales, entre otros. Si bien estas soluciones requieren de recursos tecnológicos y financieros, cada vez más han demostrado su capacidad para generar cadenas trazables que se convierten en ventajas competitivas para las ofertas comerciales de las organizaciones. Además, regulaciones como EUDR ya exigen el uso de estas soluciones para cumplir con los requisitos de importación al mercado europeo en cinco cadenas productivas. En este sentido, ya no solo es una apuesta diferencial sino una barrera de entrada para las compañías.  

La invitación final es que todas las organizaciones integren a su cadena de abastecimiento dentro de su estrategia ASG aprovechando las capacidades y recursos disponibles. Existen esfuerzos gubernamentales, regionales y nacionales, así como iniciativas gremiales que apoyan este propósito e integran a las MIPYMES, al evaluarlas y dotarlas de capacidades. Como referencia, puede mencionarse la iniciativa que está desarrollando la Cámara de Comercio de Bogotá con Sistema B Colombia. Al final, es acá cuando el objetivo 17 de Desarrollo Sostenible adquiere aún más valor: el poder de las alianzas para generar el cambio que se requiere.

Por: María Camila López*
*La autora es CSO Juan Valdez.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Lea también: El costo de pelear con Estados Unidos