La inteligencia artificial dejó de ser “solo computación”. En el campo y la cadena logística ya se traduce en rendimiento, sostenibilidad y trazabilidad gracias a arquitecturas que combinan edge y nube.
La conversación sobre inteligencia artificial suele oscilar entre el futurismo y el temor. Sin embargo, en el sistema alimentario —del lote al empaque— la IA es, cada vez más, operación. Lo vemos en métricas tangibles: más producción por hectárea, menos agua por tonelada, tiempos de análisis que pasan de horas a minutos y cadenas que responden con precisión a la demanda. Para América Latina, potencia agro con brechas de productividad entre regiones, este cambio no es una curiosidad tecnológica: es una oportunidad estratégica para producir mejor, con menos desperdicio y mayor previsibilidad.
En invernaderos comerciales de Norteamérica, sensores, cámaras y modelos de visión procesados en el borde ayudan a regular microclimas, riego y ciclos de cosecha. Allí, servidores basados en Intel Xeon aceleran el análisis de terabytes de datos que antes podían tardar un día; hoy, la interpretación ocurre en cuestión de minutos.
El resultado es concreto: más rendimiento por acre, menor descarte y un tiempo a empaque que se cuenta en 24–48 horas, no en varios días. La IA también está ajustando la ecuación ambiental: con spot spraying (aplicación localizada) guiado por visión por computador, diversos proyectos han reducido el uso de herbicidas y pesticidas hasta en 75%, con impacto directo en costos, calidad del agua y homogeneidad de los cultivos. Más allá del brillo tecnológico, estos indicadores importan porque mueven el margen y abren la puerta a mercados que exigen evidencia de sostenibilidad.
Latam: del satélite al invernadero
En la región emerge un patrón propio: imágenes satelitales + analítica + asistencia técnica. Plataformas como Nax Solutions modelan curvas óptimas por cultivo y emiten recomendaciones sobre riego, fertilización o cosecha para productores en México, Colombia o Brasil. Farmonaut, con presencia en Perú y Chile, combina monitoreo satelital y por drones con IoT para detectar plagas y optimizar recursos en tiempo real. Ecosistemas como AgroTIC en Colombia acercan a productores, asesores y comerciantes, conectando el dato con la decisión.
Y en el extremo del usuario, las PCs modernas reparten el trabajo de la IA entre sus componentes: la CPU (unidad central) resuelve tareas generales y puede ejecutar inferencias breves y veloces como detección rápida de deepfakes o validación de contenido; la NPU (unidad neuronal) sostiene procesos continuos con bajo consumo —por ejemplo, efectos de fondo en videollamadas o mejoras permanentes de audio e imagen; y la GPU acelera cargas altamente paralelas, desde modelos generativos hasta visión por computador. En equipos basados en Intel Core Ultra, esa combinación permite acercar parte de la inteligencia al campo y enviar a la nube solo lo que conviene, equilibrando costo, velocidad y privacidad. El equilibrio edge + nube evita sobredimensionar costos recurrentes y, a la vez, mantiene abierta la puerta a innovaciones continuas sin rehacer la infraestructura.
Latam compite por calidad, volumen y confiabilidad. La IA insertada en sensores, pasarelas IoT, estaciones de trabajo y plataformas de análisis permite dar un salto sin “hiper-CAPEX”. Lo clave no es la promesa abstracta, sino encadenar decisiones mejores: del técnico que ajusta el riego hoy, al operador que embala mañana y al comprador que planifica la demanda la semana próxima.
Cuando el dato se vuelve hábito, la productividad deja de depender solo de clima y suelo para apoyarse también en capacidad digital. La conclusión es pragmática: la IA ya alimenta mejor. Su impacto no está en una demo; se ve en cosechas más predecibles, costos más bajos y cadenas más resilientes. Para los tomadores de decisión, el reto no es “si” incorporar IA, sino cómo hacerlo con arquitecturas abiertas, socios adecuados y talento que convierta datos en decisiones. En un continente que produce para cientos de millones, ese “cómo” no es un detalle técnico: es parte de la seguridad alimentaria de la próxima década.
Por: Marcelo Bertolami*
*El autor es director de Socios Regionales y del equipo de Tecnología de Latam en Intel.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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