Cuando hablo de leer como entrenamiento cerebral, no estoy hablando de acumular libros. Estoy hablando de entrenar la capacidad de permanecer frente a una realidad el tiempo suficiente como para comprenderla antes de reaccionar.

En las agendas de los comités ejecutivos y la alta dirección, la lectura parece haberse convertido en un lujo para las vacaciones. Entre dashboards en tiempo real, reuniones consecutivas, mensajes que no paran de llegar, informes ejecutivos y herramientas de inteligencia artificial capaces de resumir casi cualquier cosa en segundos, sentarse a leer un libro de 300 páginas puede parecer una actividad lenta, incluso poco eficiente.

Pero ahí hay una trampa. Estamos empezando a confundir velocidad para acceder a información con capacidad de procesamiento y conocimiento real.

Un ejecutivo puede terminar el día habiendo leído decenas de correos, mensajes, titulares, presentaciones e informes. Técnicamente leyó muchísimo. Pero de todo ese ejercicio, cuánto tiempo pasó pensando profundamente sobre una sola idea, sosteniéndola, cuestionándola, conectándola con otras y permitiendo que modificara su manera de ver un problema.

Eso es lo que me interesa al abordar la lectura desde la neurociencia. No el romanticismo del libro ni la idea de que leer nos hace automáticamente más cultos o inteligentes. Me interesa lo que ocurre en el cerebro cuando dejamos de saltar de un estímulo a otro y permanecemos el tiempo suficiente dentro de una idea.

Leer es una actividad cerebral mucho más compleja de lo que parece. Un metaanálisis publicado en 2025 que integró 163 estudios de neuroimagen mostró que la lectura moviliza una arquitectura cerebral distribuida que cambia según estemos procesando letras, palabras, oraciones o textos completos. Mientras leemos, el cerebro reconoce patrones, recupera significados, anticipa, compara, integra información y mantiene activa una representación de lo que está comprendiendo.

Todo eso necesita atención.

Y ahí aparece uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Hemos construido entornos de trabajo que compiten permanentemente por ella. Un metaanálisis publicado en 2025 en el Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, encontró que los distractores durante la lectura digital reducen significativamente la comprensión. No significa que leer en una pantalla sea malo. El problema es un poco más complejo: no es la pantalla, es la fragmentación de la atención.

Cada vez que pasamos de un texto a una notificación, de una notificación a WhatsApp, de WhatsApp al correo y luego regresamos a lo que estábamos haciendo, obligamos al cerebro a desmontar un contexto y reconstruir otro. Leer durante un período sostenido hace exactamente lo contrario. Le pide tener la agencia para permanecer. Y permanecer con una idea se está convirtiendo en una capacidad cada vez más valiosa en un mundo diseñado para distraernos.

Por eso creo que uno de los mayores aportes de la lectura al liderazgo tiene que ver con la capacidad de integrar elementos complejos. Las decisiones importantes rara vez llegan organizadas en párrafos de tres líneas. Exigen recordar antecedentes, comprender personas, reconocer patrones, proyectar escenarios, anticipar consecuencias y sostener hipótesis contradictorias sin sentir la urgencia de terminar aceleradamente. La tarea.

Y liderar exige mucho de eso.

Un buen líder necesita comprender personas que no piensan como él, anticipar cómo puede ser recibido un mensaje, reconocer motivaciones distintas a las propias y entender que detrás de una conducta visible casi siempre hay una interpretación invisible de lo que está ocurriendo.

Por eso, cuando hablo de leer como entrenamiento cerebral, no estoy hablando de acumular libros. Estoy hablando de entrenar la capacidad de permanecer frente a una realidad el tiempo suficiente como para comprenderla antes de reaccionar.

Y esta conversación se vuelve todavía más importante con la inteligencia artificial, pero de eso hablaremos en la próxima columna.

Por: Blanca Mery Sánchez
La autora es máster en neurociencia aplicada al alto rendimiento y la felicidad, escritora, conferencista y directora de la compañía Mente Sana

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Lea también: Estos son los retos económicos y financieros que enfrentan los reinsertados a 10 años de la firma del Acuerdo de Paz