A pesar del discurso del Gobierno contra la economía extractiva, Bonilla sostuvo una reunión con inversionistas y destacó los objetivos de aumentar la producción de petróleo a un millón de barriles diarios.

El debate está servido. Un informe del Banco de  Bogotá puso el dedo en la llaga al revelar que el Gobierno enfrenta un serio problema de caja, por el aumento del gasto público y la caída de los ingresos tributarios, en una economía que solo creció 0,7% en el primer trimestre del año. 

Como resultado de ello, el saldo de los depósitos del Tesoro Nacional en el Banco de la República cayeron a un mínimo de $4.1 billones a comienzos de abril, cuando por esta época el saldo se ubicaba en $25.9 billones entre 2002 y 2022. El resultado de este año es incluso inferior al de 2023, cuando el Gobierno contaba con $14.8 billones. 

Según la DIAN, el recaudo bruto del primer trimestre fue de $67,2 billones, lo que representó una caída de 1,2% en términos reales. El sindicato de la entidad señaló que en abril el recaudo tributario fue de $25 billones, lo que equivale al 73% de la meta, y con lo cual se acumulan $12,3 billones de faltante.

Para enfrentar el problema de caja, el Gobierno ha optado por acelerar su ritmo de emisión de deuda pública y, entre diciembre de 2023 y el cierre del primer trimestre, el saldo de TES aumentó en $17.8 billones, acentuando los temores de incumplimiento de la Regla Fiscal que ya han advertido varios analistas y el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf). 

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“Se alejó el fantasma de la recesión”, dijo el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, luego de que se revelara el dato de crecimiento del primer trimestre. De hecho, a pesar del discurso del Gobierno contra la economía extractiva y la importancia de ‘descarbonizarla’, este lunes Bonilla sostuvo una reunión con inversionistas  y destacó los objetivos del Gobierno de aumentar la producción de petróleo a un millón de barriles diarios y de cerrar el IPC del año alrededor del 5%.

“Recuperamos la senda de crecimiento y esperamos que la tasa proyectada de 1,4%-1,5% pueda terminar alrededor del 2% al final del año”, agregó el funcionario. “Crecimos al 0,7% sin desestacionalizar y al 0,9% desestacionalizado. En el primer trimestre de 2024 crecimos al 1,1%. Los sectores que más dinamizaron la economía en el último año son agricultura, electricidad, administración pública y actividades culturales”.

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Y aunque el Gobierno podría resolver la situación con un recorte en el gasto, como lo ha sugerido el Carf, la paradoja es que la ejecución del presupuesto de más de $500 billones se encuentra en los niveles más bajos desde 2016 (año desde el que se tienen cifras mensuales). 

“Es decir, que mientras en los primeros tres meses del periodo entre 2016 y 2022 el gobierno de turno ya había logrado comprometer 35.6% del total PGN sin el rubro de servicio de deuda (el gasto que está determinado por la gestión del Gobierno), en 2024 ha sido de apenas 27.3%”, dice el informe del Banco de Bogotá. 

No obstante, en términos nominales, el gasto del Gobierno sí ha incrementado de manera notable como resultado de la alta apropiación de recursos.

En particular, los pagos realizados por el Gobierno por concepto de gasto de funcionamiento e inversión crecieron 22% anual en lo corrido del año a marzo, recalca el reporte. “Si la ejecución fuera la histórica, el gasto habría crecido casi 40% anual. Sin embargo, en el mismo período el recaudo de impuestos aumentó en apenas 4%”.

A comienzos de enero, la agencia de calificación S&P Global Ratings anunció que, aunque mantiene la calificación crediticia de Colombia en BB+, revisó su perspectiva de estable a negativa.

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Aunque la proyección del Gobierno es que la economía crezca alrededor del 3% en el mediano plazo, la agencia subrayó que dicha perspectiva -que algunos analistas consideran demasiado optimista- está por debajo de lo esperado, por lo cual podría rebajar la calificación actual en los próximos 2 años.

Además de S&P Global, Fitch también rebajó la calificación de Colombia, mientras Moody’s Ratings la mantiene en Baa2 (la segunda calificación más baja de grado de inversión) con una perspectiva estable.