Una producción de 14 millones de sacos en 2024 y precios que han superado los US$4 la libra, en un mercado mundial volátil y escaso del grano, han convertido el café en motor de la economía. ¿Qué viene ahora?
Rodrigo Sánchez, un cafetero huilense de 37 años, acaba de regresar de un viaje de 18 días a varios países del Golfo Pérsico, donde cerró la venta con un comprador de Arabia de más de 30 contenedores de una de las variedades especiales que produce en Pitalito, por más de US$12 millones.
“Si fuera un café comercial, necesitaría exportar unos 80 contenedores para alcanzar el mismo ingreso”, explica Sánchez que, con sus cinco hermanos, hace parte de la cuarta generación de una familia de pequeños productores que crearon una asociación con vecinos de la zona. Al igual que miles de productores del país, todos los años cruzaban los dedos para que una helada en Brasil o una sequía en Vietnam, los principales productores del mundo, subieran los precios del café y, de esa forma, ganar plata.
La visión de Sánchez del negocio cafetero cambió en 2002 después de realizar un curso de catación y barismo, algo exótico para la mayoría de los productores. En 2009, junto a su esposa, creó Aromas del Sur, un conglomerado que hoy administra 9 fincas en 580 hectáreas, genera 135 empleos permanentes -que aumentan a más de 800 en las temporadas de cosecha-, y produce 30 variedades y 230 sabores diferentes. Es decir, vive su propia bonanza: el año pasado vendió las diferentes variedades que produce a un precio promedio de U$6,50 cuando en bolsa el precio estuvo por debajo de los US$3. ¿El secreto? La diferenciación.
En un sector sometido a las volatilidades del mercado y a la especulación en la Bolsa de Nueva York, como la mayoría de las materias primas, el café atraviesa un momento estelar, con precios que han superado los US$4 la libra, elevando el precio interno de la carga de 125 kilos a niveles de $3 millones y más.
Sánchez hace parte de una nueva generación de productores y emprendedores que están reinventando el negocio de la caficultura.
De hecho, este producto se ha convertido en uno de los motores de la economía con una producción que en 2024 rozó los 14 millones de sacos de 60 kilos. Aunque el precio promedio del año (US$2,46 la libra) fue inferior en 13% al de 2011 (US$2,86), la producción fue superior en 66% a los 7,8 millones de entonces.
¿Resultado? Más de $17 billones llegaron a los bolsillos de 550.000 productores de 610 municipios, dinamizando sus economías y la colombiana.
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¿HAY BONANZA CAFETERA?

Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, matiza la respuesta. Respondiendo como pequeño productor, explica que lo que produce su cafetal hoy ha tenido una inversión de al menos tres años, y que durante 2023 los precios bajos generaron pérdidas en algunos productores.
“Al ser un cultivo de ciclo largo, es difícil decir que un precio al alza de un semestre pueda configurar una bonanza”, explica Bahamón a Forbes. Sin embargo, sí destaca que el sector está atravesando un momento muy importante de precios altos, que ha apoyado al país y ha servido para darle un fuerte impulso a la recuperación económica.
En efecto, según el Dane, el PIB de la actividad agropecuaria creció el 6,5% en 2024 y el café fue el protagonista con una expansión del 33,1%.
Es decir, a juicio del directivo, en café, por ser un cultivo de ciclo largo, sólo puede hablarse de bonanza cuando ese ciclo de precios altos es lo suficientemente extenso como para satisfacer un par de años cafeteros.
Un factor clave en el buen momento del sector ha sido el aumento de la productividad, que exige actividades constantes de fertilización y renovación de los cafetales. En ese sentido, el año pasado la Federación lideró la renovación de 90.000 hectáreas, siendo la mejor cifra de los últimos 13 años, y para 2025 la meta es llegar a 100.000 hectáreas.
“En la Federación debemos seguir trabajando en la posibilidad de aprovechar subproductos derivados del proceso de transformación del café con el fin de generar ingresos adicionales para los caficultores”, explica Bahamón. Y para ello “es clave avanzar en la implementación de centrales de transformación y beneficio que permitan, además de la consistencia en la calidad, aglutinar esos subproductos para ser aprovechados como parte de la estrategia de economía circular”, agrega.

Gustavo Gómez, presidente de Asoexport, el gremio de los exportadores privados café que comercializan el 80% del grano, dice que cada cual tiene su interpretación de si puede hablarse de una bonanza,
“Si se analizan los precios de la carga interna, no hay un registro superior a los $2,6 millones y hemos llegado a los $3,2 millones, algo que no se había visto antes”, explica el directivo que lleva 8 años al frente de un gremio conformado por 1.200 exportadores, de los cuales 150 tienen operación constante y 22 empresas manejan el 92% de las exportaciones totales del país que, el año pasado, llegaron a US$ 3.439 millones con un alza del 22%.
Sin embargo, lo que es una buena noticia para los productores se ha convertido en un reto para muchos exportadores que están afrontando problemas de liquidez para la compra del grano, e incluso incumplimientos en las entregas por parte de productores.
“El otro reto es para los tostadores porque han visto que su costo más importante, el de la materia prima, se ha incrementado dos y tres veces, y no pueden transmitirlo al cliente final, porque eso tendría un impacto en el consumo”, explica Gómez.
Y aunque proyectar el precio del café es tan difícil como predecir el del dólar, el mundo enfrenta un problema estructural de oferta insuficiente, a lo cual se suman unos inventarios bajos y el consumo creciente en China, impulsado por los más jóvenes.
“El café se vende en la Bolsa de Nueva York por posiciones de entrega”, explica Gómez a Forbes. “La más corta, que es la de marzo, es la que está más alta y después baja. Eso quiere decir que, a corto plazo, se van a mantener los precios altos pero a futuro podrían estabilizarse y bajar”.
Al final, los fundamentales dicen que los precios se mantendrán altos, complementa Gómez, que explica que aunque muchos ven a los especuladores como los malos de la industria, juegan un papel importante al darle liquidez al mercado, más allá de la volatilidad que puedan provocar.

En cuanto a los mercados de exportación, en el año cafetero 23-24 los principales presentaron crecimientos. Estados Unidos tuvo un aumento de 183 mil sacos y alcanzó una participación total
del 39%. Las ventas también crecieron en Europa, donde el sector enfrenta el reto de prepararse para cumplir con el Pacto Verde, las reglamentaciones en términos de cero deforestación y uso controlado de agroquímicos.
“No tenemos un mercado mas importante que Estados Unidos, no solo tenemos en el país del norte las mejores relaciones comerciales, el mejor reconocimiento y valoración de marca por parte del consumidor, sino la cercanía estratégica para aprovechar las relaciones construidas por décadas”, explica Bahamón
quien, durante al crisis diplomática del 26 de enero, dijo que represalias comerciales del presidente Donald Trump contra el país pueden tener afectaciones de “magnitudes devastadoras”.

Según AmCham Colombia, la imposición de aranceles al sector agrícola puede tener un impacto significativo no solamente a nivel internacional, sino también en Estados Unidos.
“En el caso de Colombia, el impacto dependerá de conocer, con mayor precisión, qué productos y qué países serán afectados. No obstante, el superávit comercial de Estados Unidos y la complementariedad de la canasta exportadora agrícola de Colombia sugiere que el efecto no debería ser significativo”.
Por otra parte, China se consolidó como el quinto mercado de las exportaciones colombianas, con un volumen de 706.381 toneladas y un aumento del 154% frente a 2022/23.
Según Mordor Intelligence, se prevé que el mercado chino alcance los US $2.260 millones en 2028, registrando una tasa compuesta anual del 1,90% durante el período (2023-2028).
El informe destaca que la creciente demanda de café en China puede atribuirse a una cadena resiliente de cafeterías nacionales e internacionales, como Luckin Coffee y Starbucks, que han logrado que el café sea más accesible y familiar. Además, el crecimiento de las plataformas de comercio electrónico ha facilitado a los consumidores la compra de café de alta calidad.
Y si bien, el té sigue siendo la bebida tradicional en ese país, la demanda de café continúa creciendo, especialmente en las zonas urbanas y entre los profesionales que trabajan. Según datos de la Asociación China del Café de Beijing (CCAB), el consumo está aumentando a un ritmo anual del 15%.
Sin embargo, Bahamón explica que, al contar con una población de considerable tamaño, el gigante asiático representa un importante desafío comercial de posicionamiento del café colombiano, para que sea identificado como una marca premium.
TEJIENDO LA CADENA DEL CAFÉ
Mientras levanta cajas y adecúa el local de la que será su sexta tienda en Nueva York, Steven Sutton, fundador de Café Devoción, explica a Forbes que cada mes exporta entre 1 y 2 contenedores, es decir, unas 30 toneladas mensuales del grano a su pujante negocio en Estados Unidos.

“Cada café nuestro en Nueva York atiende a unas 1.000 personas diarias”, explica Sutton que en Colombia tiene en el institucional (restaurantes y hoteles) su principal mercado que, sin embargo, pesa menos en el P&G de esta empresa fundada hace unos 20 años y que hoy globalmente genera entre 135 y 150 empleos.
“Siempre he sido tostador y estamos en toda la cadena con excepción de la producción, por un tema de responsabilidad social”, explica este ingeniero de sonido que ha estado en el negocio del café desde hace 23 años. “Les compramos a cafeteros de todo el país, trillamos, hacemos la logística, exportamos e importamos a Estados Unidos; en Colombia tostamos y distribuimos”.
Y aunque dice que nadie tiene la bola de cristal para anticipar lo que ocurrirá con el precio del café, no ve una caída en el corto plazo. El mundo entero -dice- está consumiendo más café y el cambio climático ha afectado los cultivos, lo cual empuja los precios. “China sigue creciendo e Inglaterra, que antes no era un consumidor fuerte de café, esta demandando más”.
Y aunque dada la naturaleza de su negocio no está amarrado a contratos, ni tiene que cumplir con unos precios específicos, compra el producto de la mejor calidad posible en el país y pagando precios por encima de los del mercado.
“Mis cafés están en Nueva York, que tiene una población con alto poder adquisitivo; que yo le suba 50 centavos de dólar o un dólar al café, no me afecta cuando todos jugamos al mismo juego”, explica Sutton que enfatiza que Devoción que lleva la responsabilidad social en su ADN. “Somos una empresa B con un departamento de ESG importante, todo lo que hacemos tiene que tener un propósito”.
En sus planes, por ahora, está duplicar el tamaño del negocio en Estados Unidos entre 2025 y 2026, llegando a nuevos estados.
“Somos una de las marcas más importantes en calidad y experiencias”, agrega este emprendedor que destaca que contar con una red de proveedores sólida en toda Colombia constituye hoy una de sus principales ventajas competitivas.
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DE BARISTA A EMPRENDEDORA

Catalina Gutiérrez es una diseñadora industrial colombiana que hace seis años tomó la decisión de regresar al país, después de hacer cursos y trabajar como barista a tiempo completo en Londres.
“Tres años después de comenzar mi trabajo como barista, servía café y hablaba sobre diferentes métodos de procesamiento, lo que me llevó de regreso al origen, donde me enamoré de la producción de café verde y decidí enfocarme más en este aspecto de la cadena”, explica la cofundadora de CATA Export junto al francés Pierre Fargetton, que hoy exporta al Reino Unido, Francia y Australia.
Los precios y la sostenibilidad se convirtieron en temas importantes para Gutiérrez, que comenzó a exportar el café que produce en pequeñas cantidades en CATA Reserva, una finca de 30 hectáreas en Timaná, Huila, con prácticas de agricultura limpia y procesos de poscosecha.
Hoy, la empresa está exportando entre 12 y 15 contenedores de café verde al año a US $5 la libra a un grupo de tostadores que se lo compran y le ponen su marca.
“Cuando no soy barista o exportadora de café, disfruto de caminar por la TATE Modern o uno de los museos temporales en mi antiguo barrio en el sureste de Londres”, explica esta emprendedora cuyo mayor orgullo es la alianza que tiene con la Asociación de Mujeres Afrocolombianas del Norte del Cauca, ASOM Cauca, una cooperativa que junto a otros productores del Huila y de otros departamentos le proveen más del 90% del café que exporta.
LO QUE VIENE PARA EL CAFÉ
Con más de 148.000 hectáreas sembradas, 102.000 fincas y 86.000 productores del grano, Huila es un ejemplo de la transformación de un sector que, para adaptarse a los nuevos tiempos, apuesta por la calidad y la sostenibilidad.
“Lo que hoy tenemos es un país cafetero distinto, ya no concentrado en lo que se denominaba el Eje Cafetero y Antioquia, sino que ya tenemos una diversidad de perfiles y allí es donde yo digo que hemos perdido una oportunidad de vender los atributos de cada café, que tiene su distintivo de acuerdo con el terreno”, dice Bahamón quien sostiene que el grano debería ser asimilado al vino: cada ‘terroir’ tiene algo para ofrecer. “Nosotros tenemos la necesidad de construir una narrativa de cada uno de nuestros cafés”, explica Bahamón, gerente de la FNC.
Rodrigo Sánchez, el fundador de Aromas del Sur, coincide y señala que los pequeños productores del país deben desarrollar una visión empresarial y asociarse para lograr negociar un precio de compra mínimo con Starbucks, Lavazza y otros gigantes de la industria.
“Salirnos de la mafia de la Bolsa de Nueva York, donde el café es arrastrado por otras materias primas”, explica. “Llegó el momento de tener el control de una materia prima escasa; si les ofrecemos calidad a los compradores y reunimos a 1.500 productores del Huila será posible garantizar un precio de compra mínimo de US$4, más allá de lo que ocurra en Brasil o Vietnam”.
¿Difícil? Sánchez, quien se jacta de sus éxitos empresariales a pesar de solo haber terminado el bachillerato, es optimista y destaca el ascenso de una nueva generación de cafeteros jóvenes que se han arriesgado a producir variedades especiales, tal como él mismo hizo cuando trajo la variedad etíope Geisha, cuya producción espera escalar en Mirador, una finca de 150 hectáreas.
“Ya están vendidas 3 cosechas de esa finca, sin haber empezado a producir. No hay límites, el mercado quiere cosas diferentes. La producción puede generar el 300%-400%, es la parte más rentable de la cadena de valor del café y puede generar un cambio en la vida de los productores, muchos de los cuales apenas sobreviven”, agrega.
A pesar de los retos de una actividad sometida al cambio climático y a los vaivenes de los mercados, el gerente de la Federación es optimista.
Después de un 2024 con una cosecha importante, Bahamón explica que seguirán trabajando en las labores de fertilización, lo que ya se reflejó en la cosecha de enero de 2025 de 1,35 millones
de sacos, con un crecimiento del 41% frente al mismo mes del año pasado.
“Con estas impredecibles variaciones climáticas no podemos proyectar la cosecha anual, pero la del primer semestre esperamos esté un 5% arriba del mismo periodo del 2024”, señala el directivo
que acaba de superar uno de sus principales dolores de cabeza desde que llegó al gremio, a finales de 2023: el capítulo de futuros, que generó un impacto negativo de US$ 82 millones en los resultados del Fondo Nacional del Café, que espera recuperar a medida que las cooperativas le entreguen los 33 millones de kilos del grano que le deben.
“Todas las cooperativas que tenían entregas pendientes de café a futuro al Fondo Nacional del Café hoy forman parte del Plan de Acción Solidario (PAS) de la Federación”, señala Bahamón. “Para lograrlo, les hemos brindado un respaldo integral que incluye un crédito directo con condiciones viables”, explica el directivo, y señala que “La solidez patrimonial del Fondo no es solo un discurso, es una realidad”.
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